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Agregó, porque en esto nunca es corto, que «si hubo un error en la política de seducción es que para seducir hay que ser seductor y la Argentina no era seductora por mandar postales, invitar al té o regalar ositos». Más bien, esta nueva política se acerca a las que impulsaron Raúl Alfonsín y Dante Caputo entre 1983/'89. O sea, las que propone «la casa» (Cancillería).
Respondiéndole a Bielsa, el gobernador inglés en las Malvinas, Howard Piers, sostuvo que «no hay posibilidades de que haya una negociación sobre la soberanía de las islas con el gobierno argentino», mientras los habitantes de los archipiélagos usurpados mantengan su posición de «permanecer como británicos». Y eso,claro, hasta que la Argentina sea una potencia, será difícil de modificar.
Bielsa encamina otra estrategia no sólo por advenedizo en estas lides de la diplomacia. Lo han «seducido» -«la casa» tiene esas virtudes- con la promesa de que Brasil, país con el cual hoy existe un óptimo amorío, aceptará incluir el tema de Malvinas en la negociación con la Unión Europea. Según le han hecho creer al ministro, esto será clave para la devolución de las islas.
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