10 de octubre 2003 - 00:00

Mamarracho institucional

Llevar a la Corte Suprema al deplorable ex juez Eugenio Zaffaroni crea una situación de angustia en sectores moderados, aun en los que con muchas aprensiones sobre el nuevo Presidente le reconocen sorpresas ejecutivas muy aceptables en el mando de la República. Pero esto de Zaffaroni decepciona demasiado. Se percibe como un engaño que hayan creado la consulta a la sociedad -algo que parecía una originalidad democrática- con un mamarracho institucional. No importa tanto Zaffaroni y su nefasta trayectoria, su falta de ética al no aliviar de la pesada carga de su postulación al propio presidente de la Nación, tras quedar en evidencia no sólo lo antifamiliar y burla al Derecho de sus fallos, sino que haya trascendido ahora que fue un evasor contumaz con la clásica cobardía del que invoca «el error de mi contador» y también que haya escrito un libro justificando la eliminación física del adversario en propuesta a la Aeronáutica del último Proceso militar.

Lo que realmente importa es que este nuevo mandatario, Dr. Néstor Kirchner, comete su segunda tropelía institucional a sabiendas en cinco meses. La primera, que también conocía y con la que siguió adelante, fue cuando promulgó una ley absolutamente parcial, «con nombre y apellido», como fue «la ley de bienes culturales 'Clarín'», por no resistir la misma tentación de sus predecesores de poseer el dominio de un medio de difusión monopólico para penetrar informativamente a la sociedad. Estrategia deplorable de quienes dudan de su fuerza como gobernantes. Además, a «Clarín» lo han poseído todos los mandatarios -inclusive los del Proceso militar último- sin tener que pagar tanto con una «ley». Con sólo tener a mano -y el gobierno lo conoce bien y lo tiene analizado- que en el comienzo de 2005 vencen las licencias de «Canal 13», «Canal 11» y «Canal 9» de televisión («Canal 2» renovó en diciembre pasado), «Clarín» puede ser incondicional total. Hasta ser cacheteado con facilidad desde la Casa de Gobierno se puede en este momento con «Clarín», ansioso por la renovación de licencia. ¿Analizará Kirchner las concesiones de licencia como pretende con las de servicios públicos?

Volvamos a Zaffaroni. Es un caso ciertamente grave porque lastima inútilmente a la sociedad argentina por promover a un hombre que la ha ofendido. Tampoco es el caso de ser «sólo uno en nueve miembros», como lo expresaron casi resignadamente en Casa de Gobierno a periodistas de este diario. El problema es: ¿qué responderán los jueces argentinos cuando en el revival judicial del pasado deban volver a juzgar a militares y alguno responda en el estrado «la exterminación del adversario nos la inspiró también el miembro de la Corte Suprema que ha designado este gobierno que nos enjuicia, el Dr. Eugenio Zaffaroni?

¿Qué podría alegar ante los jueces el eficiente titular del la AFIP, Alberto Abad? Bien pueden aparecer evasores que digan que no hicieron nada peor que lo que hizo con su declaración de bienes el Dr. Zaffaroni, nuevo miembro de esta Corte Suprema de Justicia -no la del menemismo- designado por el actual presidente Dr. Néstor Kirchner. No olvidemos que también por ley y en pro de captar a la opinión pública a través de los medios también se perdonó como evasores del IVA a los señores Tinelli, Suar y Pergolini. ¡Con qué facilidad aprueba «leyes» y postulaciones este Congreso con la mitad de sus miembros en vísperas de irse en diciembre y «asegurar» su futuro!

Fundamentalmente lo que se genera con un juez de trayectoria absolutamente inconveniente para el más alto tribunal del país, es desgaste prematuro de este gobierno. Posiblemente la explicación del propio Kirchner de que si proponía a Esteban Righi lo iban a tomar muy como hombre suyo e iba a dar imagen de «una Corte tipo menemista» haya sido la idea original del primer mandatario, pero luego debe haber sobrevenido algún compromiso para proseguir con esta postulación degradante para el país. Se cree que el último sostén de Zaffaroni es Hebe de Bonafini, una señora que suele apañar o proyectar a ex jueces, ex convictos y otros personajes irritativos de la sociedad argentina como modo, precisamente, de herirla en su resentimiento personal al extremo, en estos días, de favorecer también que no se identifique a presuntos hijos de desaparecidos como sostiene, con mucho más fundamento, la presidenta de «las abuelas», Sra. Estela de Carlotto.

• A contramano

El país no va a ser una singularidad mundial en democracia, con un perpetuo dominio del centroizquierda, como dijo, en palabras que impactaron, el presidente de la Nación en aquel discurso en Río Santiago donde expresó: «El liberalismo no volverá nunca más». La primera ley de las democracias modernas, ya desde la mitad del siglo pasado, es la alternancia de las líneas de derecha e izquierda en el gobierno. Este que inauguró Néstor Kirchner viene a contramano de las leyes políticas porque -sin ser en absoluto el paupérrimo «neopopulismo de Duhalde»- es ciertamente una presidencia de signo social de izquierda hasta un grado aún no conocido. Pero todo gobierno de tipo socialista en democracia, aun en los estilos perfectos de Europa y de Chile, tiende a un distribucionismo que corresponde a un período posterior al de creación de riqueza para poder distribuirla y esto previo es lo que hacen las formas libreempresistas y neoliberales, aunque algunos políticos no lo entiendan. Por eso algún día habrá de nuevo gobiernos fundamentados en la iniciativa privada y la libre empresa prioritariamente, lo que llevará algunos años después a la nueva forma pro social moderada. Así la Argentina habrá entrado en un ciclo real de política occidental distinto a un pasado donde el peronismo y el radicalismo nunca conocieron sus roles y donde la «transversalidad» tampoco tendrá sentido al tratar de llevar el liberalismo debajo de un gobierno del tipo social. Un absurdo.

Lo que importa es que volverá algún día la iniciativa privada y la libre empresa para crear riquezas e individuos como Eugenio Zaffaroni que hirieron a la sociedad aunque las autoridades lo hayan ingnorado, serán relevados de la Corte Suprema sin recurrir a
inventarle cargos como antidemocráticamente se hace ahora con el juez Moliné O'Connor. Zaffaroni, al asumir en el alto tribunal, más que un chiste, como se ha dicho, deja planteada una realidad: se le podrá hacer un juicio político inmediato por cargos antes de asumir nuevas culpas si las cometiera. Fue designado pese a ser evasor y pese a ser autor de libros propiciando cercenar la vida humana por parte de militares. Imposible para un miembro de la Corte Suprema, salvo para Hebe de Bonafini y Horacio Verbitsky.

No es un gran alivio para una sociedad ciertamente lastimada por esta designación. Tomemos lo dicho como un consuelo y esperemos que el gobierno de Kirchner no siga cometiendo una violación institucional en complicidad con el Congreso cada mes y medio. Es muy duro lo que sobrevendrá en lo económico para reincorporarnos al mundo como para que desgaste caudal político en mamarrachos como este de la postulación de Zaffaroni.

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