La Legislatura porteña votará esta semana la creación de 200 cargos políticos distribuidos en toda la Capital. Será el comienzo de la puesta en marcha de la Ley de Comunas que crea pequeñas alcaldías para atender problemas barriales y descentralizar, en teoría, el poder del Gobierno de la Ciudad. Servirán, se sabe, como relevo dorado de las bancas que deberán abandonar los legisladores que no pueden renovar su mandato. Este es un país donde los políticos nunca se jubilan ni dejan la actividad para volver a la profesión de origen. Servirán estos cargos también para distribuir canonjías siempre necesarias en las internas partidarias. Esto imputado al bolsillo de los porteños. Como en todo proyecto de la Legislatura, existen todavía más desacuerdos que consensos. No se sabe aún la fecha en que se elegirán los nuevos alcaldes comunales, cómo se dividirá la Ciudad ni si podrá haber partidos en las pequeñas alcaldías, lo que compite de lleno con el disfrute de los nuevos puestos a los partidos grandes. Sólo algo es seguro: la cantidad de cargos por crear.
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La propuesta, además de firmarla los 20 diputados de esa surtida bancada, la aprobaron otros treinta legisladores, que afirman que este año finalmente se concretará la partición de la Capital Federal.
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