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28 de abril 2003 - 00:00

Más que ballottage, una condena a independientes

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Para la prioridad del mandatario, en su odioso proyecto personal contra Carlos Menem, como hay más no-menemismo que menemismo en sus encuestas, cualquier adversario habrá de vencer al riojano en una segunda vuelta (más beneficio, para él, si ese contrincante es su delfín Néstor Kirchner). Ese era el objetivo. Del otro lado, en cambio, orgullosos en la intimidad por haber triunfado sobre las restricciones opuestas por el oficialismo, suponen que Menem dispone -además del capital propio en el partido- de un proyecto más abarcativo para seducir a electores de otras tendencias. Reivindican para sí el progreso alcanzado en los '90, mientras su rival levanta el estatismo de los '50 más cierta lucha armada de los '70. Ese será el dilema a resolver por los argentinos.

Menem compite con la memoria. A su favor, aquellos que recuerdan un período con mayor poder adquisitivo, pacíficas condiciones de vida y expectativas de prosperidad. En su contra, también el recuerdo de una administración cargada de sospechas y denuncias, una marca que amplios sectores medios no han olvidado. Kirchner, a su vez, resume una contradicción intrínseca: se favorece con el aparato bonaerense del duhaldismo hoy en el gobierno, con todo lo que podría significar en número por el clientelismo y, simultáneamente, la aversión que ese mismo núcleo produce en la sociedad por sus características de rudeza, escasamente democráticas. En suma, el desenlace a dirimir por los ciudadanos es sobre quién de los dos asusta menos. Libro abierto el ballottage para todos los argentinos, ya que nunca hubo esa instancia en el país y los antecedentes de otras naciones -siempre hay que considerarlos- tal vez no sean válidos para esta ocasión. En general, no se enfrentan dos hombres del mismo partido.

Otra distinción entre ambos. Menem ofrece un equipo propio, una importante masa crítica de técnicos que le responden en gruesa sintonía, mientras Kirchner carece de significativos aportes en ese sentido (sólo tres o cuatro colaboradores), más bien vive de prestado de la asistencia duhaldista formada al amparo del último año de gestión presidencial. Amplio uno a la hora de captar gente, más cerrado el otro (quien, sin embargo, propenso a los análisis de sangre de cualquiera que se le acerca, cerró los ojos y tapó su nariz ante la trayectoria de varios duhaldistas que lo acompañan). Esta diferencia no parece mover el amperímetro del gran volumen de votantes que consagrará al nuevo presidente el 25 de mayo.





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