A 72 horas del acto comicial del domingo y del lunes subsiguiente, muy activo, se conocen detalles de fraude y picardías electorales, algunas vergonzosas, que muestran que los argentinos, en muchos aspectos, seguimos siendo incorregibles. Se calcula que no menos de un millón a un millón y medio de votos fueron fraudulentos o "creados". Aparte de otras tropelías de prensa y profesionales.
Se estima que más de un millón de votos -quizá millón y medio-fueron con fraude o forzados. Representan 5% o 6% del padrón electoral, lo cual hace que no fueran decisivos en el resultado electoral final pero demuestran un activo accionar de punteros que hizo variar algunos porcentuales de los candidatos. Se sostiene, por ejemplo, que el cuarto lugar debió ser en normalidad para Rodríguez Saá sobre Elisa Carrió, que L. Murphy debió tener casi un punto más de los que logró y que debió ser ligeramente más amplia la victoria de Menem sobre Kirchner que los 2 puntos que obtuvo. Porque el más beneficiado en las picardías adulteradoras del resultado, se coincide, fue el candidato del gobierno, sobre todo en el Gran Buenos Aires y en algunas provincias del Sur.
Puede tener razón el manipulador de votos que termina autoelevándose a un abnegado colaborador constitucional. Ese 23% del padrón que no fue a votar en este 2003 y que es similar en porcentual a 1937, tiene una especial coincidencia: se corresponde con las dos etapas peores de la economía, como si las clases bajas, en su momento de más apremio, no se interesaran por los comicios. O no estuvieran dispuestas a gastarse en un colectivo para cumplir con su obligación de voto. Recuérdese que en Capital Federal el lugar donde votar está estructurado cerca del domicilio, pero en niveles bajos, sobre todo, no está actualizado. Los lugares de votación en gran parte del interior se designan por orden de abecedario y la enumeración corrida de locales y mesas por lo cual el voto a emitir tiene lugar lejano muchas veces.
A eso se agrega en clases medias quienes tampoco registraron el cambio de domicilio y no están dispuestos a costearse el traslado. Más los que perdieron y no renovaron a tiempo su DNI habilitante al voto. Por televisión tres jugadores de un plantel de 20 del club River Plate sostenían que no iban a votar el domingo. Uno dijo: «Salvo que alguien me traiga mi DNI». El otro confesó: «Ni sé donde tengo mi DNI». Por algo los clubes de fútbol, que deben sacar sus equipos al exterior, les sacan los pasaportes a los jugadores y los retienen listos para cada gira.
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