«Ustedes saben que yo soy católico, pero mucho más lo son mi madre y mi hermana», casi se confesó Néstor Kirchner, al compartir con la mesa ejecutiva de la Conferencia Episcopal el primer encuentro desde su asunción el 25 de mayo pasado. A su turno el cardenal primado y arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, le recordó al Presidente que se debía «cuidar de los más viejos, porque ellos son la memoria de la patria y a los niños que son el futuro».
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Fueron muy pocas las cosas charladas ayer entre el Presidente y los obispos que después se reflejaran en declaraciones a la salida.
Siempre se habla en la reunión, los obispos al salir pidieron al gobierno que contribuya a que la sociedad evite volcarse «a los extremos, de impunidad o venganza», respecto de la represión de la década de los '70, y abogó por «restañar las heridas». Esta postura fue fijada públicamente por el titular de la Conferencia Episcopal Argentina y arzobispo de Rosario, Eduardo Mirás.
En el encuentro -que se extendió por poco más de cuarenta minutos-, estuvieron también Bergoglio; el arzobispo de Corrientes Domingo Castagna y el secretario y obispo auxiliar de Rosario, monseñor Sergio Fenoy; además del secretariode Culto, Guillermo Oliveri y dos Fernández ( Alberto y Aníbal). Kirchner comenzó la reunión con una descripción de cómo ve «a nuestra querida Argentina». Habló de los conflictos sociales latentes y la necesidad de contención -con la colaboración entre el gobierno y la Iglesia a través de Cáritas-; además del desafío que implica la salud pública.
• Diferenciación
Kirchner les dijo a los obispos que «no soy el dueño de la verdad y tampoco me siento un mesiánico», con lo cual pareció dejar sentada una clara diferencia -si la hubo en este trato con la Iglesia-, con el ex presidente Carlos Menem. «En lo sucesivo, ustedes me llaman, tomamos un café, reunimos a su gente con la mía, con mi hermana, que como ya saben somos católicos, pero mucho más que yo lo son mi mamá y mi hermana; y vemos cómo resolver los problemas que se presenten». Así concluyó el primer round entre Kirchner y la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal.
Más tarde Mirás aclaró además que la Iglesia no avala en su conjunto las expresiones «personales» de algunos prelados que critican las detenciones de militares y la posible anulación de las leyes de impunidad aprobadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Agregó que «creemos que hay que evitar el extremo de la impunidad y el extremo de la venganza. Rezamos para que los que gobiernan logren las soluciones sin que la sociedad se vuelque hacia el extremo de la impunidad, o el de la venganza», afirmó Mirás en rueda de prensa.
«En el punto medio está la virtud», enfatizó y se excusó de opinar sobre la posible nulidad de las leyes de amnistía y de la extradición de los represores solicitada por el juez español Baltasar Garzón, al trasladar la responsabilidad «a los que tienen la función de gobierno». «Ellos encontrarán el camino», destacó. El prelado consideró que las opiniones contrarias a la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida hechas por algunos obispos «son personales». «Son declaraciones personales de cada uno de ellos. Hay dos extremos que evitar: la impunidad y la venganza. Repitió ante las consultas reiteradas.
La cúpula eclesiástica señalóque el mandatario «busca la verdad y tiene mucho empeño para que la Argentina salga adelante».
El arzobispo eludió involucrar a la Iglesia en temas como el juicio político a miembros de la Corte Suprema y la designación del juez Eugenio Zaffaroni en el máximo tribunal.
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