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Esta docilidad de Moyano es comprensible. Ayer «Néstor» le cedió el paso -por usar términos del transporte-en el conflicto que mantenía con Armando Cavalieri por la afiliación de un conjunto de choferes de un centro de distribución de la empresa Carrefour. El camionero le agradeció en público y cometió alguna infidencia: «Le agradezco al Presidente haber dado la razón a los trabajadores. Yo le había explicado personalmente, en su momento, el problema, porque temí que le contaran mal 'la película'». Quedó al descubierto Carlos Tomada, el ministro de Trabajo, quien simuló durante días estar estudiando meticulosamente el entredicho para producir un fallo técnico. Al parecer sólo obedeció a una orden política de Kirchner. Esta hipótesis da más crédito a las versiones que hablaban de que tanto Tomada, como su segunda, Noemí Rial, estaban convencidos de que la razón la tenía Cavalieri, es decir, los empleados de comercio, y la empresa. ¿Será por eso que se empeñaron tanto en aclarar que su pronunciamiento se refiere al caso específico de Carrefour y no debería ser tomado como antecedente para ningún otro? ¿Consultaron a Kirchner antes de apostar de esa manera?
Más allá de las reservas técnicas que algunos laboralistas plantean sobre la resolución, importa destacar su dimensión política: nuevamente Kirchner señaló a Moyano como su sindicalista preferido. Que lo haga por convicción, por simpatía o porque el gremialista tiene suavemente presionado al gobierno con la posibilidad de cortar el tránsito e interrumpir el comercio nacional e internacional es un detalle. Lo que interesa es que el empresariado ligado al transporte y también el resto del sindicalismo comienzan a advertir que este combativo sindicalista es el meridiano por el que pasa hoy en el país un eje de poder.
No es el primer indicio sobre la coronita que le han puesto a Moyano desde la Casa Rosada. Kirchner sabe que para conseguir la tranquilidad de este camionero Eduardo Duhalde le entregó durante su gestión la Secretaría de Transporte, en la persona de Guillermo López del Punta. Si bien en el armado original del área el actual gobierno desairó a Moyano, hace ya tiempo dos subordinados totales del camionero se desempeñan como colaboradores principales de Ricardo Jaime, el sucesor de Del Punta.
Como cualquier presidente que alcance el poder al cabo de una serie de tres gobiernos que cayeron por no poder controlar la calle (De la Rúa, Rodríguez Saá, Duhalde), Kirchner es especialmente sensible a la capacidad de bloqueo del tránsito, lo que supone obstruir el abastecimiento de las grandes ciudades y el comercio entre países. Moyano es un experto en esta táctica: su metodología no es la del sindicalismoclásico, que amenaza o castiga con huelgas generales. Los camioneros hacen piquetes, sea en los establecimientos donde sobrellevan conflictos (como Carrefour) o en las rutas. Esto es lo que desvela a Kirchner y le sube el precio a Moyano.
¿Se saciará este gremialista expansivo con el fallo de ayer? Es posible que ahora quiera sumar otros trabajadores a su padrón: ¿los de alimentación? ¿los de sanidad? En todos los casos, sea por los camiones o las ambulancias, hay «transporte de cargas». Pero hay otros interrogantes en estos días: ¿ Intervendrá Moyano en el conflicto por la concesión del Correo? ¿ Colaborará en este caso con los interesesdel gobierno, que estudia rescindir el contrato con Socma y poner la empresa en manos de una compañía norteamericana? ¿Sucederá algo similar en el sistema financiero, en el caso del transporte de caudales? El líder de los camioneros puede servir a que el gobierno cuente con orden en la calle. Pero ¿también estará dispuesto a generar desorden allí donde el gobierno lo necesite? Inquietan estas incógnitas.
El resto del sindicalismo descubrió en Moyano una vía inesperada de acceso al poder. Creen que el camionero puede llevarlos a la mesa de Kirchner, a la que la mayoría de los gremios tradicionales no tiene acceso en estos días. Por eso comenzaron las negociaciones por la unidad sindical, de tal manera que el camionero forme parte de un nuevo cuadro de conducción de la central obrera. Rodolfo Daer, Carlos West Ocampo y Cavalieri resisten esa confluencia. Temen quedar al margen de la conducción obrera, que les permite negociar con el gobierno desde los subsidios de las obras sociales hasta la financiación de programas de capacitación. Tal vez sean estos los próximos pasos de Moyano: ir por «la caja». Entonces sí, bendiciendo y condenando a aliados o adversarios del campo sindical, se convertirá, para Kirchner, en lo que fue Luis Barrionuevo para el primer Carlos Menem.
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