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Si nadie sabe, aunque se presume, lo que aspira Néstor Kirchner, menos se sabe sobre lo que pretende el máximo jerarca de la CGT, Hugo Moyano, quien por el momento atrasó la paritaria de su gremio ( camioneros) y se entretiene resolviendo problemas en fábricas como la de La Virginia. Es que, además de aumentos, lo que hace es penetrar -en forma transversal, claro, como exige el oficialismo- a otros sindicatos colegas (sanidad,alimentación, mercantiles) como mecanismo para acentuar su poder gremial. Una copia poco sutil de la Unión Obrera Metalúrgica de otras épocas peronistas, tentar o forzar a trabajadores de otros sindicatos para que se desafilien y se pasen, por mejor convenio laboral y remunerativo, al suyo.
A esta complicación se le añade que Moyano tampoco quiere desactualizarse de los reclamos de otras organizaciones, casi desconectadas de la CGT, que hoy plantean demandas superiores a esa media deseada por el gobierno de 15% y eventualmente avalada por el dirigente camionero. Ya en los subterráneos, por ejemplo, se observa esa determinación. Por otra parte, sorprende otro fenómeno gremial: aun en aquellos sindicatos que lograron aumentos en diciembre pasado se observan procesos revulsivos por nuevas mejoras, producto -según los gremialistas conservadores- del aire que le otorga la prensa a la realización de paritarias. Como se sabe, el periodismo siempre tiene la culpa.
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