José Luis Lingieri y Hugo Moyano sonríen ayer en la CGT al confirmarse que quedarán a cargo de la liga sindical ya sin la perturbación que les causan los «gordos» que se van de la conducción.
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Rueda, vocera de los disidentes, se quejará por dos razones. Ella aduce que nunca existió el compromiso de unificar la conducción sindical bajo la jefatura de Moyano. Un argumento que el propio Moyano refuta con una extraña sensibilidad institucional: «Susana, vos no estás en la mesa chica donde se resuelven esas cosas». En segundo lugar, Rueda podrá decir que esa reforma en la conducción debería producirse el próximo 14 de julio, cuando se cumpla un año del congreso que unificó la CGT. Pero los seguidores del camionero aducen que aquel congreso delegó estos movimientos en el Consejo Directivo.
El plan de Moyano se cumplirá, pero su conducción deberá afrontar el vaciamiento de grandes gremios. Empleados de Comercio, Luz y Fuerza, La Fraternidad, Unión Ferroviaria, Sanidad, Telefónicos, SMATA, están entre los gremios que no se ven representados por el impetuoso camionero. Sin embargo, estos sindicatos no formarán otra CGT ni siquiera un movimiento ajeno a la central obrera, como fue el Movimiento de los Trabajadores Argentinos, que Moyano condujo durante los años '90. Solamente no integrarán el consejo directivo y harán su propia política, ligada principalmente a Roberto Lavagna. Porque, mirado desde el ángulo oficial, el recambio de la conducción obrera expresa también la política de intervención en las organizaciones civiles que caracteriza a Julio De Vido, a cuyo rosario de afinidades en la Bolsa, la UIA, la Cámara Argentina de la Construcción, la Cámara Argentina de Comercio y ADEBA se suma ahora el vínculo con Moyano, su principal interlocutor en el sindicalismo.
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