Como contracara de la sintonía en el Congreso, donde se votó por unanimidad su creación, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) comenzó a transitar una crisis que hace tambalear en su cargo a Marcelo Saín, hoy responsable de la fuerza.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Luego de un año de debate, el Senado aprobó ayer la ley con respaldo de todos los bloques. Días atrás - el 10 de mayo-, con igual e inédito respaldo multicolor, lo había tratado Diputados. De ese modo, la PSA se convirtió en la cuarta fuerza de seguridad interior.
Pero es la superficie. Por lo bajo, en torno al cuerpo que el 16 de marzo pasado cumplió un año y que surgió tras el escándalo de las narcovalijas de SW, hay mucho ruido y dos actores centrales: Saín, todavía interventor, y el ministro del Interior, Aníbal Fernández.
¿Razones? Múltiples. Desde los celos cruzados -Fernández nunca terminó de digerir que en ese cargo Kirchner - haya designado a un funcionario autónomo y que no le responde en términos políticoshasta conceptos operativos sino antagónicos, al menos divergentes.
En las cercanías de Saín enumeraban ayer un rosario de quejas, todas dirigidas a una presunta quietud administrativa por parte de Interior con los temas vinculados a la PSA. Traducción: que Fernández paralizaba o siquiera demoraba las resoluciones de esa policía.
Ayer, citaban dos casos puntuales:
1- Que desde el 29 de febrero-último, está frenada la resolución para dar de baja a 110 efectivos de la ex PAN. Esa tanda formaba parte de la depuración que, dicen, ejecutó Saín e implicó desplazar a 250 uniformados -unos iniciando causa penal; otros, por vía administrativa; otros trasladándolos a la Fuerza Aérea-, sobre un total de 2.500 efectivos que tenía esa fuerza cuando se inició la intervención.
2- Demoras diversas en materia administrativa que, a modo de símbolo, marcan que «todavía no están los nuevos uniformes» de la fuerza. « Nosotros apagamos el incendio y ahora, si se quiere una buena policía aeroportuaria, hay que poner lo que hace falta», apuntó ayer una sombra de Saín. Es un planteo que el interventor expresó antes en voz alta durante la ceremonia de aniversario de la PSA frente a Fernández y la ministra de Defensa, Nilda Garré. «No se puede luchar contra el delito» con «instituciones policiales pobres», dijo.
Plazo
Saín se mantendrá en silencio, pero quienes lo entornan no tienen compasión con el ministro del Interior, a quien culpan por peligros futuros. «En estas condiciones, no se puede seguir trabajando. Si esto no se corrige, cuando termina la intervención, nos vamos.»
La fecha para marcar en el almanaque para seguir esta interna de palacio es el 28 de julio, cuando vence la intervención.
Para entonces, deberá estar resuelta para bien o para mal la continuidad -o no-de Saín al frente de la PSA, ya no como interventor.
Para despejar toda sospecha de que el reproche pueda estar dirigido a Néstor Kirchner, cerca de Saín ejemplifican ayer que, aun sin fondos específicos, confiaban en la palabra del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, respecto de las necesidades presupuestarias.
Dejá tu comentario