Negociar sobre Malvinas, como descender el Everest
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Ante posteriores reclamos judiciales de estos isleños, la Cámara de los Lores resolvió la cuestión a favor de Londres. Los habitantes de Diego García no tenían ni territorio propio ni derechos sobre él. Si gusta, el lector puede relacionarlo con Malvinas. Y revisar, de paso, la devolución de Hong Kong a China, un ejemplo de lo que la "autodeterminación" puede significar para Londres. Sobre todo si en frente hay semejante poder negociador.
A estas alturas, es evidente que Argentina respetará los intereses de los isleños, como corresponde. Lo ha escrito hasta en su Constitución de 1994. El desmesurado despliegue militar británico en el Atlántico Sur, en cambio, sólo exhibe la necesidad de proteger crudos intereses económicos, apropiándose de los recursos naturales de la región sin el consentimiento de la región y contra los reclamos de negociación que nacen en Buenos Aires, pasan por América y llegan ya desde todo el mundo político y diplomático.
Argüir que necesitan semejante inversión militar para la defensa cuando Argentina ha juzgado y condenado a los dictadores militares que dirigieron el conflicto armado de 1982 y acaba de desclasificar un informe de las propias Fuerzas Armadas que los descalifica es absurdo y sólo agrava la pésima posición diplomática en la que está quedando Londres ante las ONU y de cuanto foro diplomático participe en el mundo.
La historia del montañismo reserva hasta hoy una duda sobre si la de Sir Hillary fue realmente la primera conquista del Everest. Otros dos británicos, George Mallory y Andrew Irving, partieron el 8 de junio de 1924 desde el campamento más alto, al asalto de la cumbre. Sus compañeros de equipo nunca más volvieron a verlos. En montañismo, saber descender es tan respetado como saber ascender. En política, también.
Los restos de Mallory fueron hallados a mitad de camino recién en 1999, pero nadie puede determinar si, como muchos otros, había muerto en el descenso. Isabel II seguía siendo reina, pero eran otros tiempos y el Everest ya no merecía -ni merece- ese tipo de primicias (más de 3.500 escaladores de todas las nacionalidades lo han escalado ya).
En estas circunstancias del Siglo XXI, a Londres debe sentarse a negociar la soberanía de las Malvinas, con respeto por los intereses y el modo de vida de sus actuales isleños. Sería como un descenso seguro, digno y respetado del Everest. En estos tiempos, los británicos de bien, en todo el mundo, merecen sentirse orgullosos de reivindicar para sí nuevas hazañas, sin necesidad de afectar por la fuerza derechos ajenos.
(*) Embajador de la República Argentina en los Estados Unidos




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