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Hugo Yasky
El mensaje es claro. La electa trajina, hasta ahora con más trabas que aplausos, su aventura del Pacto Social en la que uno de los actores centrales son los gremios. Aunque se promociona como un debate sobre «proyectos» será la previa de la discusión salarial.
Visto en ese marco, entienden los moyanistas, sería una «provocación» que Kirchner o su esposa decidan reconocer como central paralela, pero oficial, a la CTA.
De última, ensayan otro grito de guerra: «Para darle la personería tienen que cambiar la ley (de Asociaciones Sindicales). Si se animan, que manden el proyecto y después vemos si en el Congreso lo tratan», avisan, ya sin sutilezas.
En Casa Rosada trazan una comparación oportuna que vincula CGT y PJ, y CTA y Hugo Yasky Carlos Tomada transversalidad. Clásico, ortodoxo, en el fondo temeroso de las estructuras históricas, agotadas pero poderosas, Kirchner jugueteó con proyectos sustitutivos del peronismo pero ahora se abraza al partido.
Lo mismo, arriesgan, ocurrirá en el campo gremial: luegode amagar más de una vez -aunque siempre en privado- que reconocería a la CTA, a la hora de pactar fuerte siempre se respalda en la CGT.
En la central de la calle Piedras, en tanto, asimilan el golpe casi resignados pero se preparan para batallar. Hoy, de hecho, a media tarde harán un acto en el microestadio de Ferro convocando a una «paritaria social» que trata de imponerle una agenda al pacto social que promueve la electa Cristina de Kirchner.
Allí, con Yasky y Carlos Heller como oradores, la CTA, junto con APYME, la Federación Agraria y el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC) tratan de confeccionar un bloque para garantizarse un lugar en la mesa del pacto social cristinista.
En el encuentro de Ferro, Yasky insistirá con el planteo histórico respecto del reconocimiento a la CTA, que centralizará en la figura de solicitar «libertad y democracia sindical», además del planteo preciso, sin vueltas, respecto de la «personería gremial». Tiempo atrás, en rondas internas, la CTA puso un menú de condiciones para participar de la convocatoria oficial. La principal, además de una agenda que toque el tema de la distribución de la riqueza, fue que no se sentarán a la mesa si no tienen personería.
Si esa posición es irreversible, es muy probable que cuando Cristina toque la campana del pacto social haya una silla vacía.




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