El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Vasto será el terreno económico (deuda, FMI, ALCA, eventualmente), ya que temas políticos o militares tal vez queden censurados. Pasan por otro destino y, si Kirchner desea enterarse, tal vez deba viajar a Brasilia, no a Washington. En esa tierra está la nueva representación. Ya lo anunció Bush la semana pasada en el continente africano: «Así como Sudáfrica es nuestro referente en esta parte del mundo, Brasil lo es en América latina». Definición y concesión de «key country», regreso a un concepto bioceánico si se quiere que reivindicó Henry Kissinger en aquellos odiosos años de los '70: Brasil al Atlántico y Chile al Pacífico (en rigor, una historia de la política exterior de EE.UU.). También podría resultar enojoso para Bush hablar de una de sus prioridades estratégicas, Colombia y su plan militar, ya que la Argentina no tiene fronteras y la reacción de Kirchner puede resultar impredecible. Como cuando Raúl Alfonsín lo trató de retar a Ronald Reagan por el tema de Nicaragua. Todo lo contrario ocurrió con Lula, quien al día siguiente de visitar los Estados Unidos ya desplegaba tropas sobre la línea divisoria con los colombianos. Nadie sabe si hizo bien, sólo que aplica un criterio de seguridad.
La reciprocidad Brasilia-Washington es obvia y de repercusión europea. Le molesta a Kirchner, claro, quien le advirtió a Lula en esa reunión de exclusivos progresistas que no se sabe cómo consideran al resto del mundo. Allí, el santacruceño le dijo a su colega: «Si seguís así, vas a terminar como Menem». Tal vez los oídos de Lula, contra esos reproches, se gratifiquen con otras premoniciones o seguridades. Hace pocos días, justo cuando él, el chileno Ricardo Lagos y Kirchner recorrían Londres y Madrid en jornadas diferentes, se conoció esta definición: «Lagos y Lula son nuestros aliados, por lo tanto, son aliados del Reino Unido». Ni una mención a la Argentina, tampoco a Kirchner. Más confirmaciones: el acuerdo que firmó
Chile con España de nación más favorecida supone unas ventajas impositivas que bien desearían tener otros vecinos. Es un dato que, al menos, la Cancillería debería observarlo, como revisar la prédica de que hay confrontación de intereses entre norteamericanos y europeos, información que al menos ignora el reciente viaje de José María Aznar a California (fue ovacionado, además) y el próximo a la Florida. Allí van inversiones españolas, se constituyen joint-ventures, filiales, igual que en Brasil y ciertas naciones de Centroamérica, mientras se sabe que tal vez disminuyan -por exagerada exposición-las que ya se hicieron en la Argentina.
Dejá tu comentario