Tal vez fue la única entrevista relevante, por inesperada, del viaje de Néstor Kirchner a Viena: la que mantuvo, en un recoleto rincón del hotel Sacher, con Jacques Chirac, el presidente de Francia.
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Los funcionarios que merodeaban guardaron secreto. Kirchner dialogó con su colega y recompuso, al menos en las formas, un vínculo dañado desde la estatización de Aguas Argentinas. Fue el motivo por el cual Chirac resolvió excluir al país de un viaje sudamericano. También la razón para que Kirchner dijera que no se iba a arrodillar por una visita. En Viena esa ruptura pareció comenzar a superarse.
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