3 de septiembre 2003 - 00:00

Obispos católicos dicen que no apoyaron tortura

Los obispos argentinos calificaron como «falso e inaceptable» relacionar a la Iglesia con la tortura, luego de que se conocieran las declaraciones realizadas a la televisión francesa por los ex militares Reynaldo Bignone y Ramón Díaz Bessone. Ambos jefes militares vincularon a algunos obispos de la Iglesia católica con una supuesta aprobación de la tortura ejercida durante el último proceso militar.

En una rápida reacción la Conferencia Episcopal Argentina sostuvo que la Iglesia «siempre ha condenado con toda claridad y energía» este tipo de crímenes. Y resaltó -recordando documentos episcopales anteriores- que «si algún miembro de la Iglesia, cualquiera fuera su condición, hubiera avalado con su recomendación o complicidad alguno de esos hechos, habría actuado bajo su responsabilidad personal, errando o pecando gravemente contra Dios, la humanidad y la conciencia».

• Acusaciones

El ex arzobispo de La Plata, monseñor Antonio Plaza o el ex capellán de la Unidad regional de Junín y amigo y confesor del ex jefe de la Policía bonaerense y represor general Ramón Camps, el sacerdote Christian Von Wernich, fueron acusados por organismos de derechos humanos de apoyar presuntamente la tortura y desaparición ejercida durante la dictadura. También se recuerdan las relaciones del entonces nuncio -embajador del Vaticano- que solía jugar al tenis con el ex almirante Emilio Eduardo Massera. Pío Laghi aún hoy es una figura de gravitación en la Iglesia y se le reprochó no actuar contra los abusos denunciados. Monseñor Plaza fue designado capellán mayor de la Policía de la provincia de Buenos Aires el 11 de noviembre de 1976, cuando el jefe de la institución era el coronel Ramón Camps, y en diciembre de 1983 fue destituido de ese cargo por decreto del entonces gobernador, el radical Alejandro Armendáriz.

Sobre el tema, también se pronunció el obispo emérito de Viedma, monseñor Miguel Hesayne quien insistió en que el Episcopado «no avaló» la tortura y recordó que el 7 de mayo de 1977 el Episcopado «cuando ni una mosca se movía, porque ningún medio había denunciado la tortura, se denunció como documento». No obstante, reconoció cierta «incoherencia» en una parte de la Iglesia que «denunciaba la tortura, pero luego le daba la comunión a los torturadores».

En ese sentido, el obispo recordó: «descubrí que había una doble moral en el Ejército y que las Fuerzas Armadas tenían como una especie de manual, la doctrina de la seguridad nacional y lo descubrí en una conversación de una hora con el general Harguindeguy en la que me defendió la tortura como método indispensable».

Hesayne
, quien en abril de 1977 intentó presentarle a Harguindeguy casos de secuestros y torturas que se denunciaban en su obispado, admitió que «lo que ha pasado es que ha habido alguna parte del clero, e incluso algún obispo, que no digo que haya animado, pero sí una especie de incoherencia porque si decíamos que había tortura y que es inhumana y anticristiana y pedíamos una reconciliación, luego se le daba la comunión a los torturadores».

• Advertencias


Obispos como el castrense monseñor Antonio Baseotto y el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer -que representan el ala más conservadora de la Iglesia- habían advertido sobre «los serios problemas que traería para la convivencia una ideologización» del gobierno argentino, y habían señalado que «si seguimos siempre mirando el pasado, es muy difícil que se establezca la paz» en el país.

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