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19 de febrero 2004 - 00:00

Ocaña paralizó al PAMI por temor al "efecto Meijide"

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Ocaña cree custodiar bien sus propios intereses. Abanderada en contra de la corrupción, supone que lo peor que podría suceder en su vida pública es que la pesquen firmando una resolución envenenada, en la que se derivan millones de dólares a alguna caja que ella desconoce. En otras palabras, sabe que la política nacional está llena de «hormiguitas», gente que revuelve papeles buscando la perla que la catapulte al estrellato de la anticorrupción.

Las primeras víctimas de este celo de Ocaña por su propia imagen son los jubilados, sobre todo los que manifiestan alguna propensión a engriparse. Hace ya varios días se llamó a una licitación para la adquisición de vacunas, jeringas y agujas: un clásico del otoño, cuando se inician las grandes campañas de prevención con los ancianos. La interventora comenzó a escuchar opiniones inquietantes, que le hicieron temblar la lapicera: desde los laboratorios le dijeron que el concurso estaba armado para una firma con nombre y apellido; desde la burocracia interna del PAMI la asustaron diciendo que ese tipo de compulsas las domina en las sombras el ministro de Salud, Ginés González García, conocido en el mercado como «doctor ahorro». Envuelta en fantasmas, Ocaña optó, «razonablemente», por no firmar nada. No vaya a ser que terminara como Graciela Fernández Meijide, que se autosepultó debajo de una contratación cuestionable de su cuñado.

Desde el Ministerio de Salud también llegan espectros. «Doctor ahorro» está empeñado en establecer un sistema de intermediación para las contrataciones de los prestadores. En vez de las gerenciadoras tradicionales, él pretende que la comisión administrativa que se cobra por esa tarea quede en manos de las confederaciones de clínicas. Hizo un primer intento organizando una reunión en su cartera, en la que participó su amigo Norberto Larrocca, titular de Confeclisa. Pero «Hormiguita» desconfió. Después, González García amagó con ubicar a la contadora María Inés Insaurralde (ex presidenta de la Obra Social de la provincia de Santa Fe) como gerente de prestaciones. Tampoco tuvo suerte y esta sanitarista debió conformarse con ser asesora de la diputada-interventora. Bastó con eso para que Insaurralde alcanzara su objetivo: el martes pasado al mediodía, a instancias de esta colaboradora (de «doctor ahorro»), Ocaña se volvió a encontrar con representantes de tres asociaciones de sanatorios: Confeclisa (el platense Mammoni), Fecliba (Bazano) y Acliba (Cherro). Esta vez la tertulia se hizo en su despacho de PAMI, no en el ministerio. Lo que están mirando estas ligas de hospitales privados es un negocio de 280 millones de pesos por año (lo que paga PAMI a los prestadores por sus afiliados de la provincia de Buenos Aires) de los que, «razonablemente», los intermediarios se podrían quedar con 5% (14 millones de pesos por año). A González García en PAMI ya no lo llaman «doctor ahorro» sino «el Oso Hormiguero»: una broma de mal gusto para quien se quiere «comer» a «la Hormiguita».



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