Emotivo el discurso del presidente Kirchner ayer en la Casa de Gobierno en el 50º aniversario del bombardeo a Plaza de Mayo por aviones navales en 1955. Dejó dudas al decir que, si no hablara como presidente sino como Néstor Kirchner a secas, no formularía esta crítica. Podría interpretarse que apoyaría el levantamiento contra el general Juan Perón. Entre las víctimas mencionó a los de «un partido determinado», manteniéndose en su postura de que no salga de su boca la palabra «peronista». Pero la principal omisión del acto de ayer fue que nunca mencionó en la recordación de la trágica fecha que también el 16 de junio de 1955, a la noche, fueron ultrajadas y parcialmente quemadas 9 iglesias de Buenos Aires y la Curia metropolitana por agitadores en actos igualmente de barbarie. Ni «peronismo» ni «iglesia» en el vocabulario presidencial no es coherente con su propuesta de unión de los argentinos. El bombardeo fue, ciertamente, un acto burdo y sangriento pésimamente pensado. La quema de los templos católicos, también. Pero, y no hay que olvidarlo, se equivoca Kirchner al decir que en ese momento Perón era un presidente «constitucional». Era presidente desde 3 años antes modificando sin oposición la Carta Magna (los opositores radicales estaban exiliados en Montevideo para salvar sus vidas), que no admitía reelección; gobernaba habiendo estatizado y puesto a favor del gobierno la casi totalidad de los medios de difusión y hasta habiendo expropiado el diario «La Prensa»; las casas de los opositores al régimen tenían los cordones de las aceras marcados con pintura para guiar atentados contra ellos. Fue una barbarie la de los aviones navales, pero en medio de un clima de odio y con democracia truncada, y debe decirse. El progresismo criollo ahora hasta quiere adulterar la historia hacia sus fines. No es serio.
Cristina Fernández, ayer junto a Néstor Kirchner, quien encabezó
un acto en la Casa de Gobierno para recordar a las
víctimas del bombardeo del 16 de junio de 1955.
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