Julio Cobos realizó la apertura de "El Parlamento en la escuela" tras lo cual se desarrolló una sesión especial de la que participan alumnos que están cursando el último año del Polimodal en establecimientos públicos.
En el Sur, ante una boya inmóvil, Eduardo Duhalde se estremeció con una reflexión incómoda: la percepción de que la atomización opositora es casi irreversible y que el 2009 que quiso entrever como la hora negra del clan Kirchner sugiere menos riesgos para la Casa Rosada.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Toda la semana pasada, en el lago Lolog de San Martín de los Andes, el ex presidente se aisló del ruido citadino. Con la lucidez que otorga estar con el agua hasta el ombligo, revisó movimientos y agendas antes de retomar, siempre silencioso, sus operaciones.
En estos tiempos, Duhalde redibujó su mapa de contactos y aliados. Habla con frecuencia, dicen a su lado, con Julio Cobos; patalea contra los movimientos de Mauricio Macri, se disgusta -a medias-con los zigzagueos de Felipe Solá: detesta, sin gritarlo, a Elisa Carrió.
Días atrás, informado o analítico, el lomense-detectó la confluencia que ayer se confirmó entre la CC carriorista y lo que llama el radicalimo «moralista» no por ninguna categorización kantiana, sino porque responden al senador Gerardo Morales.
Ese principio de fusión -que el ex gobernador presumía ya la semana pasada-aparece como uno de los datos que lo lleva a suponer que la alternativa de una megaentente opositora para combatir a los Kirchner en 2009, como ensayo de 2011, hoy está más lejos que nunca.
Oídos sordos
«Con Carrió no se puede hacer nada: ella no escucha razones, escucha otras voces», se encargan de desmerecerla, con bronca, Duhalde y sus escuderos. Acusan un golpe: la líder de la CC avanzó, como no pudo todavía él, en una conjunción con grupos radicales.
Es cierto que Duhalde todavía mantiene vínculos con Federico Storani y Leopoldo Moreau, y que en su club de operadores, hay algunos con teléfono rojo con Enrique «Coti» Nosiglia. Pero todo transita, por ahora, en un terreno reservado.
Se hicieron frecuentes, además, contactos con Cobos. El vice y el ex, ambos alguna vez socios de Kirchner, comparten el diagnóstico sobre la complicación de avanzar en un diseño compartido, que conjugue peronismo disidente y radicalismo anti-K, en un armado contra la Casa Rosada.
Los une la necesidad: tanto Duhalde como Cobos advierten que un 2009 medianamente exitoso de los Kirchner deteriora cualquier chance de una construcción para 2011. Así y todo, esa sintonía no pasa, todavía, del terreno del análisis -y del temor-compartido.
Existe, eso sí, un sutil entramado entre ambos a través de Felipe Solá. Pero el ex gobernador insiste en moverse con juego propio y retaceando cualquier indicio que lo muestre dependiente de Duhalde. Así y todo, en la embestida de Solá contra el gobierno, no fue ajeno el lomense.
Convencido
¿Confía Duhalde en Solá? Cree que el ex gobernador ya cruzó la raya que le hace muy difícil un eventual retorno, al menos sin daños, a Olivos. Alienta, mientras tanto, las negociaciones para ensayar acercamientos entre el felipismo y el cobismo en Buenos Aires.
Con Solá, Duhalde aplica el «catch and release» -esa norma que obliga a liberar la pieza lo que se captura en los lagos-porque está convencido de que, bajo su tutela o por las suyas, si el ex gobernador juega en 2009, terminará reduciendo las chances de Kirchner.
Eso, en sí, ya es motivo de satisfacción para el lomense más allá de que llegue a convencer a Solá de un acuerdo más amplio o de plegarse a la idea que difunde Francisco de Narváez de realizar una superprimaria, entre todos los candidatos opositores.
Pero, como ya se detalló, Solá es su jugada alternativa a la que promueve más abiertamente: la de De Narváez, sobre quien despliega a sus laderos más activos. En torno al diputado, se mueven como equipo Alfredo Atanasof, Alfredo Meckievi y Dante Camaño.
Con De Narváez, que tropieza cada tanto con las decisiones del lomense -por ejemplo, imponerle a Atanasof como operador estrella-, el ex presidente interino tiene un punto de coincidencia y de malestar: ambos dudan y se enfurecen con Mauricio Macri.
Duhalde está convencido de que el jefe de Gobierno porteño apuesta a la supervivencia del patagónico porque le conviene más, mirando a 2011, un Kirchner debilitado que un Cobos o, eventualmente, un Solá en ascenso. Por eso, lo acusa de ser funcional a Olivos.
A eso atribuye los movimientos de Jorge Macri y Juan José Alvarez, dedicados a darle volumen y despliegue territorial a PRO en la provincia, donde fueron socios de De Narváez, con quien están hoy demasiado lejos. Tanto como Duhalde y Macri, Mauricio.
Dejá tu comentario