La Argentina es un país de pocos habitantes que sorprende al mundo porque tiene «top ten» en el tenis (hoy son tres los argentinos que lo integran), en el basquetbol de la NBA y en el polo, deportes que no son masivos. En fútbol, también sobresale y es una de las selecciones «top ten» del mundo, pero porque es el deporte nacional. Ayer, la Argentina cubrió una deuda histórica al serle reconocida por el mundo una especialidad que practica ininterrumpidamente desde antes de su independencia. La reivindicación vino de la mano de Yacyretá. La represa fue consagrada como uno de los seis « monumentos más grandes a la corrupción» por la organización Transparencia Internacional. Pero no hay que ser ingratos, tuvimos un socio: Paraguay.
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• El Proyecto Lesotho (Highlands Water Project), en el que Acres International y otras 11 empresas constructoras de represas internacionales supuestamente pagaron unos u$s 2 millones en sobornos.
• El proyecto del incinerador de Colonia en Alemania, donde supuestamente se gastaron unos u$s 13 millones en sobornos durante la construcción de la planta incineradora de desperdicios de u$s 500 millones.
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• La planta nuclear de Bataanen las Filipinas, construida por un valor de más de u$s 2.000 millones. El contratista, Westinghouse, admitió haber pagado u$s 17 millones en comisiones a un amigo del antiguo presidente Marcos. El reactor se ubica en una línea con fallas activas, lo que da así lugar a un mayor riesgo de contaminación nuclear si la planta comenzara a operar.
• La represa de Bujagali en Uganda, en la que el Banco Mundial y cuatro gobiernos más están investigando casos de corrupción, luego de que la subsidiaria británica de la empresa de construcción noruega, Veidekke, admitió haber pagado un soborno a un funcionario público ugandés. Nunca se ha evaluado el impacto ambiental acumulativo de Bujagali.
Aunque Transparencia Internacional no lo reconoce, el mote de
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