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La posibilidad de que la «Hormiguita» concrete esa alianza es una puntada más en el tejido que realiza Néstor Kirchner para contener a Moyano y apartarlo del conflicto lanzado en torno a la reforma laboral. Visto el mismo hecho desde el lado del sindicalista, la incorporación de un hombre propio al PAMI es una interesante moneda de pago para que llegue a un acuerdo en torno a la redacción de una ley laboral sin pedir que caduquen todas las reformas realizadas durante los '90.
Como se pudo advertir en estos días, Moyano moderó mucho sus posturas en relación con la Ley 25.250, conocida vulgarmente como «la de las coimas». A Kirchner le bastó con dejar trascender que «Moyano quiere volver a los años '50" para que el camionero se aplacara. Es lógico: si conseguir una legislación más propicia para su paladar hubiera significado perder sus posiciones dentro del gobierno, la jugada tendría un costo insoportable para él. Y desde el Ejecutivo le advirtieron que si se volvía intransigente en el terreno jurídico, debería dejar libres los cargos que ocupa a través de colaboradores suyos en la Secretaría de Transporte.
Moyano conseguirá más si Ocaña le cumple con lo conversado. La participación en la conducción del PAMI está prevista para un directorio normalizado y las plazas sindicales las debe designar la CGT oficial, es decir, la de Rodolfo Daer (en esa calidad se desempeñaron Domingo Petrecca y Reinaldo Hermoso hasta el arribo de Juan González Gaviola).
Estas nuevas relaciones de Ocaña, que se suman a los vínculos que le aportó Ginés González García en el campo del negocio de las clínicas y sanatorios (gracias a su alter ego Norberto Larroca), garantizan que la «Hormiguita» quede neutralizada mucho antes que Cecilia Felgueras en sus buenas intenciones. La delegada de Fernando de la Rúa pasó de ser la constructora de la «cajita de cristal» a convertirse en el principal nexo entre su jefe y Daer, pero esperó seis meses para la metamorfosis. Ocaña es más ansiosa.
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