Reapareció Jorge Bergoglio con un sermón que denunció el clientelismo (oficial, claro). En la misa de San Cayetano, ante un millón de fieles, dijo con obvio destinatario:
o "No les pagaron para que vinieran e hicieran número. Así es nuestro Dios: quiere que todos sus hijos participemos de su alegría, con su alegría". o "Este es un lugar construido con el trabajo lleno de amor de todos los trabajadores y trabajadoras de nuestra patria, los que se levantan cada día y trabajan; los que no roban sino que trabajan; los que no se pasan de vivos y viven de lo que produce el trabajo de otros, sino que trabajan." o "Necesitamos a Dios, porque sólo en torno a él se puede construir un lugar para todos. Si lo excluimos a él, todo lo demás se convierte en objeto de compraventa."
Jorge Bergoglio fustigó, con parábolas del Evangelio, los contraactos del kirchnerismo en medio de la pelea con el campo.
Jorge Bergoglio reapareció ayer ante una multitud en el santuario de San Cayetano y reclamó que la patria sea un «lugar para todos, sin exclusiones ni discusiones». Fue la primera homilía crítica del jefe del Episcopado tras la pelea entre Cristina de Kirchner y el campo por las retenciones móviles, aunque el cardenal desplegó un amplio abanico de quejas encriptadas contra el gobierno nacional.
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Acompañado por el embajador de Francia en la Argentina, Frederic Baleine du Laurens, devoto de San Cayetano según informaron desde el Arzobispado de Buenos Aires, Bergoglio rescató el santuario dedicado al santo patrono del Pan y del Trabajo como «un lugar para todos. Un lugar construido con el trabajo lleno de amor de todos los trabajadores y trabajadoras de nuestra patria, los que se levantan cada día y trabajan; los que no roban sino que trabajan; los que no se pasan de vivos y viven de lo que produce el trabajo de otros, sino que trabajan».
En Liniers, se realizaron misas cada hora a partir de ayer a la medianoche. Desde la Iglesia argentina aseguraron que los fieles superaron el millón de personas y que hubo 25 cuadras de cola de cuatro filas de personas. El que no asistió a la ceremonia fue el secretario para las Relaciones de la Santa Sede, Dominique Mamberti, quien pese a estar en el país no acompañó a Bergoglio en su homilía.
El enviado del papa Benedicto XVI vino en visita privada al país a presenciar la ordenación episcopal de monseñor Luis Montemayor en la Catedral Metropolitana. Pese a haber estado almorzando el martes pasado con el canciller, Jorge Taiana y el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, la Argentina y el Vaticano no lograron avanzar en temas ríspidos como la designación de un embajador ante la Santa Sede, tras el rechazo del plácet del divorciado Alberto Iribarne, la eventual supresión del obispado castrense o la creación de la diócesis de Tierra del Fuego.
«En el Evangelio Jesús cuenta la parábola del rey que invitó al casamiento de su hijo (...) Y no les pagaron para que fueran e hicieran número. Fueron porque querían. Fijémonos que en la fiesta les daban también el vestido nuevo -signo de alegría sinceray al que no se lo quiso poner el rey lo echó. Es decir: la fiesta era para los que de verdad querían festejar y participar de la alegría de los novios», fue uno de los tramos más polémicos de la misa a cargo de Bergoglio, pasadas las 11 de la mañana. El cardenal, señalado por el matrimonio presidencial como el jefe oculto de la oposición, embistió así contra el clientelismo político y los actos prefabricados del kirchnerismo contra el campo.
«Aquí confesamos que necesitamos a Dios. Necesitamos a Dios porque sólo en torno de él se puede construir un lugar para todos. Si lo excluimos a él, el único gratuito, todo lo demás se convierte en objeto de compraventa. En las fiestas humanas siempre hay algo de compromiso, de obligación, de quedar bien. Pero en las fiestas de Dios no. Se incluye a todo el que quiere si es que quiere estar de corazón. Dios es lo único gratuito. Gratuito de verdad. Por eso es el único que puede convocar a construir un lugar para todos», recordó Bergoglio.
Si bien su homilía estuvo dominada por el mensaje religioso -debido a la relevancia de la fiesta eclesiástica por el patrono del pan y del trabajo-, el cardenal señaló que «sin apuros pero sin pausa», se debe encarar un camino «limpio y sin egoísmos».
Al respecto, agregó que los argentinos deben centrarse en transitar una ruta marcada por «la fe, con la mirada limpia y sin egoísmos».
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