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16 de mayo 2006 - 00:00

Parrilli y gremios: temor por la plaza

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Néstor Kirchner, en la foto junto a sus funcionarios Graciela Ocaña, Sergio Massa y Carlos Zannini, dedicó la primera jornada tras el regreso al país a instalar la consigna de la reelección como llamado de la plaza del 25.
Parrilli llamó anoche de urgencia a los sindicalistas de la CGT para despejarlas innumerables dudas que existen en la Casa Rosada respecto de la realización del acto del 25 de mayo, en el que el oficialismo exaltará la figura de Néstor Kirchner y celebrará los tres años en el ejercicio del poder.

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Hugo Moyano decidió la comparecencia de seis sindicalistas para discutir con el secretario general los principales reparos del sector para movilizar a su gente. Durante todo el fin de semana los jefes de sindicato lamentaron que Kirchner hubiera elegido un día feriado para su fiesta. «¿Dónde reunimos a la gente? ¿Con qué estímulo? En días normales se los pasa a buscar por el lugar de trabajo, pero en un día de franco, ¿adónde se los pesca a los muchachos?» se preguntaba, con cierto dejo de ansiedad, uno de los capitostes sindicales a los que se confió la movilización.

  • Sospecha

  • Estas dificultades parecen razonables, aunque en boca de los gremialistas siempre generan la sospecha lógica: que estén subiendo el precio de su clientela para pedir plata. Sin embargo, en el gobierno ya dieron por cerrado el tema: el viernes pasado, dos integrantes del sector de los «gordos», el que encabeza Armando Cavalieri, sugirieron la necesidad de contar con apoyo logístico del gobierno. Pero, al revés de lo supuesto, el funcionario con el que se confesaban terminó pidiéndoles dinero para comprar banderas. Quieren vestir la Ciudad de celeste y blanco. Coincidirán con « Radio 10», que ya lanzó esa campaña.

    Parrilli quería hablar también de seguridad anoche. Es lógico: le prometió a su jefe, Kirchner, 200.000 personas en la plaza, de proveniencias muy diversas. Ya se sabe cuál es el odio que existe entre piqueteros y gremialistas. Sobre todo si éstos últimos son camioneros, indignados con quienes con los cortes de ruta les impiden llevar la mercadería a destino. La animadversión se hace más aguda cuando, como sucede ahora, los líderes de la CGT se enteran de que para su acto de la semana pasada en el Luna Park las organizaciones de piqueteros sí recibieron dinero del activismo oficial. Hasta les pagaron los micros para llevar a la gente. Claro, pasan por desocupados. No como los «gordos».

    Moyano convocó para hoy a una reunión de «mesa chica» en la CGT para analizar los riesgos que se corren en la organización y para transmitir las órdenes impartidas por Parrilli. Por ejemplo, anunciará que es muy probable que Kirchner no use el balcón de la Casa Rosada sino un palco sobre la calle Balcarce. Cuando se enteraron de la novedad, los jefes sindicales pidieron 20 localidades «para estar al lado del jefe».

    Es casi seguro que en ese encuentro de la CGT no estará Luis Barrionuevo: anoche, en el Congreso, lo ubicaban fuera de Buenos Aires. ¿Será por eso que no concurrió al encuentro con Parrilli? Es significativo: el gastronómico es uno de los máximos expertos en concentraciones humanas de la política argentina. Para Carlos Menem organizó la «plaza del sí» y, antes, las dos ediciones de River Plate, en 1988 y 1989. Pero en esta ocasión, al parecer, decidió viajar a Mar del Plata. No se sabe si por falta de motivación con Kirchner (hacerle una plaza del sí al santacruceño sería ya demasiado: basta con que vote sus leyes en Diputados) o por el enfriamiento de su vínculo con Moyano en el seno de la central obrera.

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