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4 de septiembre 2013 - 09:02

¿Por qué círculo? ¿Y por qué rojo?

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Frases hechas, delicias de la imaginación, como "círculo rojo" o "mano negra", tienen en política la fuerza de los misiles. Provocan debates agrios que valen más que mil palabras sin necesidad de que nadie revise su significado.

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Como los lugares comunes, son plazas de encuentro y abrigo en la despersonalizada aldea global.

Mauricio Macri, a quien nadie le atribuyó nunca fuerza dialéctica en sus discursos, aportó a la campaña un emblema al mencionar, para irritación del oficialismo, a un grupo que trabajó para juntarlo con Daniel Scioli y Sergio Massa.

Ayer Cristina de Kirchner le tomó la palabra y desafió a que revele los nombres de los integrantes de ese círculo que, imaginó la Presidente, es otro brote destituyente.

¿Por qué círculo? ¿Por qué rojo? ¿Por qué mano, por qué negra? No importa el significado sino la fuerza del significante, y eso embaló a la Presidente que no reparó en que Macri, cuando mencionó a ese "círculo" lo criticó por promover algo imposible y que a él le mereció tanto rechazo como a ella.

Vamos a los documentos: le pregunta Jorge Fontevecchia en Perfil del domingo:

¿Quiénes intentaban unirlos?

Macri: Lo que llamo "el círculo rojo". Distintas personas del mundo del hacer, del pensar.

Pregunta: ¿Clarín lo integra?

Macri: No lo personalizaría en alguien.

Pregunta; ¿Son los mismos que intentaron juntarlo con Duhalde hace dos años?

Macri: Puede ser. El mismo grupo que creía que eran cosas sumables. Yo no descalifico a nadie, todos han hecho su aporte. Pero con la misma simplificación de no entender que, como todo ciclo histórico, la Argentina necesita una renovación.

Ayer la respuesta después de conocer la bronca twittera: "Hace mucho que hablo del círculo rojo, que para mí es una pequeña minoría politizada (...) El círculo rojo es el microclima de la política; pienso que deben ser unos 300 mil los que están altamente politizados. (...) Nos pide que nos unamos, que hagamos algo por el atropello a la Constitución nacional, entre otras cosas (...) No tengo los nombres que dice la Presidente. (...) ¿Están tan bien las cosas en el país que discutimos sobre el círculo rojo?", se rió. Para reforzar su crítica al círculo rojo, Macri agregó: "Son personas que en un momento pueden estar muy a favor de este Gobierno y después pueden pasar a estar en contra, sobre todo por el atropello a las libertades del último tiempo".

La Presidente, sin reparar en que Macri había dicho que el círculo rojo no entiende que hace falta una renovación, se entusiasmó con la fuerza del significante: "Elegante eufemismo de destitución del Gobierno. Lo identifica como círculo rojo. Debo reconocer el acierto y precisión de la definición (...) En fin, nada nuevo bajo el sol, una vez más los intentos destituyentes. Y van... Nunca en los 30 años de democracia hubo un Gobierno al que se atacara, difamara e insultara, como el que me tocó encabezar desde el año 2007 (...) Son personas muy influyentes que le hablaron para frenar al kirchnerismo (...) Me gustaría que dijera los nombres".

La fuerza del emblema la eximió de precisiones al hacer la demografía del círculo: "Basta leer diarios, escuchar radio o mirar televisión... Conocer los personajes y tener memoria. Viejos y nuevos políticos que fueron parte de la Argentina 2001, 2002, y del ´90 también (...) Algunos eran muy jóvenes y desconocidos, pero acompañaron políticas y gestiones, mientras que otros, viejos conocidos de siempre... Banqueros, dueños de medios, sus loros mediáticos, gurúes económicos, empresarios monopólicos, dirigentes sindicales quema urnas... O expertos en bloqueos, saqueos y otras yerbas. O hierbas y algo más. Algunos reúnen todos los instrumentos". Como la Presidente está en campaña vale también el extremo de identificar cualquier crítica con un intento de desestabilización. Cada cual puede jugar al múltiple choice y ponerle apellidos a cada categoría mencionada por la Presidente.

Eduardo Duhalde se sumó al opinerío para despegarse, como Macri, del círculo: "Por supuesto que a los poderes económicos los conocemos y conocemos cómo actúan. Pero cómo se los enfrenta es el tema (...) Es absolutamente legítimo que sectores del establishment apoyen a determinados candidatos en tiempos electorales, como apoyaron a Néstor también", retorció el expresidente quien recordó que cuando ejercía el cargo "creía que me volvía loco en un momento, que me moría después".

Daniel Filmus se subió a la maratón verbal e ilustró sobre el círculo rojo: "Está claro que son los que la Presidenta definió como los titulares. (...) Nos consta que algunos de estos grupos les dijeron a políticos `vos no te presentes porque si te presentás vos se divide el voto de la oposición. (...) Son los que concentran el capital, los que decidieron siempre en la Argentina, que no es el poder político, son aquellos que están preocupados porque hoy tenemos soberanía".

Horacio Rodríguez Larreta se vio obligado a aportar una aclaración (de colores, además): "El círculo rojo es la gente que forma opinión (...) Lo único rojo que Mauricio tiene cerca es al colorado Santilli" (risas).

La frase círculo rojo, lo demostró ayer este cruce de frases, tiene valencia propia, pero para los aficionados del cine policial negro tiene evocaciones legendarias que no es seguro figuren en la biblioteca mental de Macri, Cristina de Kirchner, Filmus o Duhalde. Fue el título de un filme francés ("Le Cercle Rouge", 1970) que escribió y dirigió Jean-Pierre Melville con estrellas como Alain Delon, André Bourvil, Gian Maria Volonté e Yves Montand. Se estrenó en Buenos Aires en aquella pantalla gigante del Gran Rex y cautivó por su historia de relaciones sucias entre ladrones, policías y poliladros.

¿Por qué círculo, por qué rojo? Melville -un poeta, fue quien adaptó al cine "Les enfants terribles" de Jean Cocteau- usó como epígrafe del filme una presunta frase de Buda que nunca Buda dijo y que dice, más o menos, que "Cuando los hombres, aun sin saberlo, se reúnan un día, vengan de donde vengan, inevitablemente se encontrarán en el círculo rojo".

Esa patraña budista tenía que seducir a Macri, seguidor en su vida privada de consignas zen, porque connota la fatalidad de la pelea final que ofrece la política. El filme de Melville intenta transmitir la idea de que los destinos son inevitables, que son inútiles los esfuerzos de la voluntad, y que cada biografía tiene escrito un libreto que lo lleva a jugarse el destino... en el círculo rojo.

Algo así como una representación de la teoría catastrofista que dice que todo esfuerzo colectivo -la política es uno de ellos- está destinado al fracaso, o que termina en sangre. Si es un policial, diría Melville, todos son reincidentes. Se lo dice el flic al ladrón: "¿No sabés que todo sospechoso debe ser considerado culpable? Nadie es inocente. Se nace inocente, pero eso no dura. Todos cambiamos para peor". Es un círculo, o sea un círco cerrado del que no se puede escapar; y es rojo, el color de la sangre.

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