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Los radicales sostienen que el acuerdo con las provincias tiene su reflejo en el presupuesto y por lo tanto el proyecto debe modificarse. «Hoy, por ejemplo, el proyecto de Presupuesto 2002 dice que la Nación debe transferir a las provincias los montos del acuerdo anterior menos 13%. Y lo que estamos negociando elimina el piso y techo de reparto. Eso hay que ponerlo en el presupuesto, de lo contrario nadie nos va a creer».
En su lugar los 107 diputados que llegaron a Olivos de la mano de Humberto Roggero, escucharon una arenga por parte de Duhalde -en el mejor estilo peronista bonaerense- sobre la crisis económica, la responsabilidad del sistema financiero y la movilización del partido justicialista.
En medio de su discurso sobre los organismos internacionales de crédito y las multinacionales, con un tono populista de tal vuelo que llegó a asustar a Roggero, lo que en este tema es difícil, el Presidente reconoció la legitimidad del reclamo de los caceroleros, pero aclaró: «Aunque haya un millón de cacerolas yo no voy a renunciar». Como si faltara algún ingrediente de la liturgia peronista, Duhalde anunció: «A partir de la semana que viene empiezo recorrer el país».
La única referencia a un tema concreto de administración del Estado la dio el Presidente cuando informó que ya había firmado el decreto que fija las prioridades de pago para la Tesorería colocando a los sueldos estatales en el tercer lugar.
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