Quantín, hoy funcionario, rechazó las extradiciones
¿Podrá revivirse el caso de Carlos Sánchez Herrera, el procurador que debió renunciar porque defendió a un general del Proceso? En rigor, la complicación es mayor para el ministro Gustavo Béliz, quien conoce la situación, y para su segundo, Norberto Quantín. Ocurre que éste, siendo fiscal, refutó con fundamento y dureza (ver páginas centrales de este diario) al magistrado Gabriel Cavallo por haber declarado la inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Como se sabe, Néstor Kirchner piensa como Cavallo y como el candidato a la Corte Eugenio Zaffaroni, por lo que la diferencia con Quantín, e inclusive con Béliz, debería ser más tajante que la que tuvo (transitoriamente, claro) con su abogado Sánchez Herrera. Son cuestiones de ética.
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«¿Acaso en Francia, cuna de los derechoshumanos, se aplican al General Aussaressec, quien acaba de reconocer con cinismo haber practicado la tortura y procedido a la ejecuciones sumarias en Argelia?; ¿Acaso las ponen en práctica los Estados Unidos, gendarme del mundo, que sólo se preocupan en llamar daños colaterales a bombardeos salvajes a transportes civiles indefensos?; ¿Alguien impide que el autor de la masacre de Paracuellos del Jarama pasee por las calles de Madrid? ¿Basta arrojar o masacrar las poblaciones desde un avión para poner a sus autores fuera de la condena internacional como Dresde, Hiroshima o Nagasaki», son algunos de los interrogantes que se plantea Quantín.
Y haciendo referencia a Germán Bidart Campos, sostiene que los delitos cometidos contra del derecho de gentes, tanto cometido en territorio argentino como fuera de él, necesitan contar con incriminaciónpropia de la ley penal interna.Así afirma que los hechos investigados ya se encontraban tipificados en la ley interna en el momento de ser cometidos y encuadrados como asociación ilícita, «delitos que ya están prescriptos».
«No se puede armar una figura delictiva con varios trozos normativos para gambetear la aplicación de la ley penal más benigna y los principios constitucionales del debido proceso», subraya Quantín en su vigorosa defensa a la constitucionalidad de las leyes que hoy el gobierno pide anular.




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