. «Los exégetas (...) están equivocados», quienes ven una salida fácil a un problema difícil.
. No hay alternativas, no hay dilemas. En el gobierno no hay lugar para la represión, el endurecimiento ni la violencia. No importa cuán rechazados sean los grupos en cuestión por la sociedad en su conjunto. No importa cuán crítica se muestre la situación.
. En el gobierno no hay una doble moral. No promete cárceles modelo y después juega a la mano dura.
. No hay fantasmas de diciembre de 2001 -cuando el 19 y 20 se cumplan dos años del «cacerolazo» y de los desbordes que amenazaron la Casa Rosada y los incendios en el Congreso de la Nación, que terminaron con la renuncia de Fernando de la Rúa-, porque la ciudadanía ha elegido y apoya. No hay temor por la violencia desatada.
. Debemos desmitificar la oscuridad de una política que se hacía muros adentro, solapada, histérica e internista.
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