3 de diciembre 2003 - 00:00

Rivara, político, será el responsable de Seguridad

Felipe Solá compuso una alquimia personalísima para encauzar la feroz crisis delictiva que castiga a Buenos Aires: sobre la medianoche del lunes, llamó a su amigo Raúl Rivara, para que se calce el pesado traje de ministro de Seguridad que horas antes había desechado Juan José Alvarez.

-Raúl, vení. Tenemos que hablar.


-¿Ahora? -Sí, ahora. Vení a la residencia. Empezó así el diálogo telefónico que selló el ingreso de Rivara al Ministerio de Seguridad, el cargo menos deseado del Planeta Buenos Aires. Unas horas antes, el domingo, el gobernador lo había citado en su departamento de la calle Carlos Pellegrini en la Capital para tantear su voluntad de acceder a ese sillón.

-Juanjo se va. Y estoy buscando un reemplazo que me genere confianza, que tenga compromiso y sea corajudo. Y para mí, Raúl, das el perfil. ¿Vos qué harías?
, lo probó Solá.

-¿Y qué voy a hacer? Vos sabés, yo estoy para lo que vos me llames: estoy para acompañarte, respondió Rivara.

-Bueno, vamos a ver
, lo despidió Solá. Por eso, cuando el lunes, el gobernador lo llamó para que aparezca por al edificio de Calle 5, que Carlos Ruckauf remodeló durante su volátil mandato, Rivara sabía de qué se trataba: allí lo esperaban el gobernador, Teresa Solá, Florencio Randazzo y José María «Toco» González Fernández.

-Raúl, estás cada vez más cerca de ir a Seguridad,
lo recibió.

-Y bueno... -Entonces, sos el nuevo ministro de Seguridad, lo coronó.

Podría haber lamentado haber sido fiel escudero de Solá -a quien conoce desde hace 20 años- aun en los momentos de mayor soledad política del gobernador, pero no lo hizo: fue esa condición, precisamente, la que lo arrimó al cargo que dejó hirviendo Alvarez.

Nacido y criado en Alberti, de 55 años y con tres hijos, Rivara ocupó distintos cargos, siempre como ladero de Solá: llegó al Senado provincial, luego al directorio del BAPRO y hasta ayer al Ministerio de Infraestructura bonaerense.

El gobernador lo eligió para tapar el bache que dejó la renuncia (forzada por Olivos) de
Alvarez, a pesar de que Rivara no conoce de seguridad. «Tiene coraje y es confiable», argumentó Solá. Sin culpa, el ministro -que asumirá mañana- se confesó ayer ante la prensa.

«Experiencia en Seguridad no tengo, como tampoco tenía en Obras Públicas, pero sí una amplia experiencia en tareas de gestión»
dijo. «Hay que contemplar el compromiso y la dedicación más que el conocimiento en Seguridad. El ser un experto no asegura, ni mucho menos, el éxito» completó.

• Doble estrategia

De todos modos, aún antes de ofrecerle el cargo, Solá charló con León Arslanian para que colabore -se presume que no desinteresadala consultora de Seguridad que tiene el ex ministro de Eduardo Duhalde, hoy jefe de una comisión de notables que asesora a Néstor Kirchner.

Pero habrá una doble estrategia:
Rivara, que anticipó que él no será el jefe policial y que desintegrará la cúpula, continuará además el plan de Alvarez (que diseñó su vice Diego Gorgal), mientras Arslanian propondrá un modelo de reforma integral de la Policía.

Y ayer mostró un perfil de moderación y cautela, comportamiento que cuando cree necesario, Rivara convierte en confrontativo e implacable. Lo demostró, por caso, toreando a empresas privatizadas y respondiendo en tono «hot» a un candidato que lo acusó de corrupto.

De vínculo estrecho con
Julio De Vido, se declaró felipista, pero a su vez dijo no ser «anti». De hecho, elogió a Juanjo Alvarez que siguió siendo, aún con un sucesor, eje de los debates: desde el gobierno nacional salieron a aclarar que nada tuvieron que ver con su renuncia.

Esa tarea recayó sobre
Aníbal Fernández y José Pampuro, que quizá por su condición de bonaerenses, tuvieron que asegurar que Kirchner nunca pidió la remoción de Alvarez. Ahora, se presume, al menos por un tiempo, estarán en silencio con la llegada de Rivara.

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