Rivara, político, será el responsable de Seguridad
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-Raúl, vení. Tenemos que hablar.
-Juanjo se va. Y estoy buscando un reemplazo que me genere confianza, que tenga compromiso y sea corajudo. Y para mí, Raúl, das el perfil. ¿Vos qué harías?, lo probó Solá.
-Bueno, vamos a ver, lo despidió Solá. Por eso, cuando el lunes, el gobernador lo llamó para que aparezca por al edificio de Calle 5, que Carlos Ruckauf remodeló durante su volátil mandato, Rivara sabía de qué se trataba: allí lo esperaban el gobernador, Teresa Solá, Florencio Randazzo y José María «Toco» González Fernández.
-Raúl, estás cada vez más cerca de ir a Seguridad, lo recibió.
El gobernador lo eligió para tapar el bache que dejó la renuncia (forzada por Olivos) de Alvarez, a pesar de que Rivara no conoce de seguridad. «Tiene coraje y es confiable», argumentó Solá. Sin culpa, el ministro -que asumirá mañana- se confesó ayer ante la prensa.
«Experiencia en Seguridad no tengo, como tampoco tenía en Obras Públicas, pero sí una amplia experiencia en tareas de gestión» dijo. «Hay que contemplar el compromiso y la dedicación más que el conocimiento en Seguridad. El ser un experto no asegura, ni mucho menos, el éxito» completó.
• Doble estrategia
De todos modos, aún antes de ofrecerle el cargo, Solá charló con León Arslanian para que colabore -se presume que no desinteresadala consultora de Seguridad que tiene el ex ministro de Eduardo Duhalde, hoy jefe de una comisión de notables que asesora a Néstor Kirchner.
Pero habrá una doble estrategia: Rivara, que anticipó que él no será el jefe policial y que desintegrará la cúpula, continuará además el plan de Alvarez (que diseñó su vice Diego Gorgal), mientras Arslanian propondrá un modelo de reforma integral de la Policía.
Y ayer mostró un perfil de moderación y cautela, comportamiento que cuando cree necesario, Rivara convierte en confrontativo e implacable. Lo demostró, por caso, toreando a empresas privatizadas y respondiendo en tono «hot» a un candidato que lo acusó de corrupto.
De vínculo estrecho con Julio De Vido, se declaró felipista, pero a su vez dijo no ser «anti». De hecho, elogió a Juanjo Alvarez que siguió siendo, aún con un sucesor, eje de los debates: desde el gobierno nacional salieron a aclarar que nada tuvieron que ver con su renuncia.
Esa tarea recayó sobre Aníbal Fernández y José Pampuro, que quizá por su condición de bonaerenses, tuvieron que asegurar que Kirchner nunca pidió la remoción de Alvarez. Ahora, se presume, al menos por un tiempo, estarán en silencio con la llegada de Rivara.



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