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Estas parodias se hacen tan mal, con tanto descaro, que al terminar y pasar detrás de las cámaras los encuestólogos se encontraron con el segundo de la fórmula de Ibarra, el actual secretario de Cultura de la Municipalidad, Jorge Telerman, que había llegado para participar en la última parte del programa. Los cuatro lo abrazaron efusivamente y tres hasta lo besaron; créase o no, en gente que se supone que mide con objetividad y con el solo propósito informativo la tendencia de la sociedad que va a emitir su voto. Uno de ellos hasta le mostró y entregó papeles a Telerman sobre cómo ganaría su fórmula.
También estaba allí Juan Pablo Schiavi, jefe de campaña de Macri, que miraba todo eso y se limitó a mostrar un pequeño papelito al periodismo: era de Julio Aurelio y daba, al revés de lo expuesto por los 4 encuestólogos del apocalipsis, que para la segunda vuelta va ganando Macri por 51% a 48% en intención de voto.
Julio Aurelio es un profesional serio, no presta su nombre a encuestas truchas y menos en presencia de parodias televisivas para tratar de influir en los votantes en favor de un candidato patrocinante. Por eso, por bueno, Aurelio es contratado por algún candidato pero no para influir en la gente sino para darle encuestas reales al patrocinante, al efecto de que éste pueda ir modificando o adecuando por zonas su campaña según esas mediciones. Pero son encuestas privadas del contratante, no las lanza a los diarios que con ingenuidad transcriben las truchas que les llegan.
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