4 de septiembre 2003 - 00:00

Se complica el juicio a Moliné

El Senado, dominado por el peronismo, terminó anoche de convertir en un enredo el juicio político contra Eduardo Moliné O'Connor. Si bien el PJ cuenta con número suficiente para destituirlo en noviembre, el áspero cruce entre oficialistas y opositores dejó claro que existen argumentos suficientes como para judicializar el proceso contra el ministro de la Corte, quien encuentra así una vía por fuera del Congreso para, eventualmente, reclamar por su anunciada remoción. En un duro debate de casi 5 horas, los radicales acusaron a los peronistas de haber cometido irregularidades en el proceso y de dar argumentos para la nulidad de las actuaciones. En respuesta, los kirchneristas acusaron a la UCR de auxiliar a Moliné con sus discursos. Sea como fuere, unos y otros admitieron de manera desembozada que existen elementos para anular el enjuiciamiento.

Se complica el juicio a Moliné
El Senado intentaba ayer avanzar en la destitución de Eduardo Moliné O'Connor por presunto mal desempeño como juez de la Corte, a pesar de que oficialistas y opositores quedaron enredados en discusiones interminables que pueden servir de pretexto para intentar voltear el proceso en sede tribunalicia.

«Los errores del oficialismo pueden ser causales de nulidad»,
advirtió Raúl Baglini en uno de los pasajes de su discurso. «Baglini, con sus razonamientos, le está dando letra a la defensa», había denunciado el justicialista Jorge Yoma. En algo coincidieron unos y otros: ya hay una colección suficiente de argumentos para colaborar con Moliné.

En la misma sesión, los senadores hicieron progresos para cubrir la vacante que dejó Julio Nazareno y le dieron estado parlamentario a la designación de Eugenio Zaffaroni, trámite que concluiría recién a mediados de noviembre. Un plazo similar al que insumirá el ajusticiamiento de Moliné y, en consecuencia, la creación de otra vacante en el cuerpo judicial.

Tras un tenso debate de casi 5 horas, los senadores del PJ impusieron ayer la supremacía y rechazaron la excusación de Baglini (UCR-Mendoza) y el pedido que hizo la defensa de Cristina Fernández de Kirchner. A continuación, se comenzó la lectura de los cargos formulados por Diputados.

El siguiente paso consiste en dar traslado a la defensa para que haga el descargo, dentro de los 15 días hábiles.

Como la Cámara alta hace las veces de jurado en el enjuiciamiento, Baglini pidió autorización para dar un paso al costado, ya que tiene causas ante la Corte con su firma de abogado. La defensa, a su vez, recusó a la primera dama no sólo por razones de parentesco con el Presidente ( Néstor Kirchner pidió al Congreso las cabezas de los miembros de la denominada mayoría automática del tribunal), sino también por declaraciones periodísticas en las que la señora de Kirchner reconoce su coincidencia total con la posición del gobierno nacional.

El constitucionalista Gregorio Badini, patrocinante de Moliné, sostiene que semejantes antecedentes le quitan imparcialidad a Cristina de Kirchner. Después de desestimar de manera sumaria ambos reclamos en Asuntos Constitucionales (la dependencia que gerencia la Kirchner), el oficialismo del Senado cayó ayer en el error de prestarse a un tironeo verbal sin fin con la oposición, cuando -como bien advirtió el neuquino Pedro Salvatori (MPN)- Baglini quiso hacer más transparente el proceso y dar un paso al costado para que no se le achacara parcialidad.

Cristina de Kirchner se abstuvo de intervenir en el debate y relegó protagonismo en la sanluiseña Liliana Negre (que difundió la posición oficialista en el jefe de la bancada, Miguel Angel Pichetto).

• Innecesario

El problema es que el permiso para que el radical quedara fuera del tribunal senatorial hubiera dejado con menos fundamento la permanencia ahí de la Kirchner. ¿Cómo hubieran podido sostener el rechazo, sin atarse a la suerte de Baglini? De cualquier forma, el ríspido intercambio de opiniones resultó una complicación innecesaria cuando al PJ le sobra número para destituir a Moliné y conseguir una silla más en la cabeza del Poder Judicial, de acuerdo con los deseos presidenciales.

La cita de la víspera rozó el escándalo, no sólo porque se reabrió la polémica por el supuesto pago de coimas en el viejo Senado entre
Antonio Cafiero y el correntino Angel Pardo (este último calificó a aquél de «héroe de pies de barro»; ver nota vinculada).

En primera instancia, hubo una lluvia de cuestiones de privilegio contra
Ricardo Falú, quien oficia de fiscal en el tramo decisorio de la suerte de Moliné por su condición de titular de la Comisión de Juicio Político de Diputados. Quedó claro que, a criterio de 40% de los senadores, consideran que hay irregularidades atribuibles a la Cámara baja, no solamente a los manejos del peronismo del Senado.

Comenzaron los radicales, con planteos de
Carlos Maestro, el santacruceño Carlos Prades (quien se cuidó de reivindicarse como crítico de Kirchner y, al mismo tiempo, de hacer pública su disposición a colaborar con la gestión del patagónico desde la banca) y el santiagueño José Zavalia. «No queremos que se viole el debido proceso», subrayó Prades. «No nos vamos a dejar chantajear», se enojó Zavalia con el tucumano.

No se hicieron rogar los provinciales del Interbloque Federal.
Ricardo Gómez Diez apuntó a Falú y se quejó por el fraccionamiento de las acusaciones, lo cual derivaría en un juicio por etapas, algo insólito. Hay una embestida en marcha en la Cámara alta por los casos Macri, Meller y Magariños, y, a pesar de ello, Falú y compañía aprobaron hace 7 días otro dictamen con reproches por supuesta presión a testigos cometida por Moliné.

Los peronistas disidentes también se sumaron al coro. Además de
Pardo -que denunció el desdoblamiento del proceso-, apuntó Eduardo Menem que «este Congreso anuló la Obediencia Debida y ahora parece que se impone la figura de obsecuencia debida», en referencia a la conducta de Falú. Pardo y Menem fueron excepciones, pues el grueso de los rebeldes de la bancada justicialista optó por faltar (los pampeanos Carlos Verna y Carmen Gómez de Bertone, la salteña Sonia Escudero, la santiagueña María Elisa Castro).

Pichetto
no se animó a defender a Falú. Apenas se limitó a decir: «Estamos dando un espectáculo lamentable, con discursos irrelevantes. La defensa -agregó- está de fiesta porque no estamos a la altura de un tribunal». Este reconocimiento, por sí solo, parece suficiente auxilio para Badeni.

Pichetto
explicó que ya había un planteo «de nulidad contra los diputados de Juicio Político por el simple hecho de ser abogado y que abarca, asimismo, a los senadores con matrícula federal». «Habilitar la excusación de Baglini -insistió- abrirá el camino de las nulidades.»

Falú,
pasadas las 20.30, ingresó en el recinto para la lectura de las acusaciones, en compañía de su par radical Carlos Iparraguirre. Por supuesto, no pudo contestar las cuestiones de privilegio en su contra que pasaron a Asuntos Constitucionales, delante de la veintena de legisladores que escucharon los cargos.

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