Se complica el juicio a Moliné
El Senado, dominado por el peronismo, terminó anoche de convertir en un enredo el juicio político contra Eduardo Moliné O'Connor. Si bien el PJ cuenta con número suficiente para destituirlo en noviembre, el áspero cruce entre oficialistas y opositores dejó claro que existen argumentos suficientes como para judicializar el proceso contra el ministro de la Corte, quien encuentra así una vía por fuera del Congreso para, eventualmente, reclamar por su anunciada remoción. En un duro debate de casi 5 horas, los radicales acusaron a los peronistas de haber cometido irregularidades en el proceso y de dar argumentos para la nulidad de las actuaciones. En respuesta, los kirchneristas acusaron a la UCR de auxiliar a Moliné con sus discursos. Sea como fuere, unos y otros admitieron de manera desembozada que existen elementos para anular el enjuiciamiento.
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«Los errores del oficialismo pueden ser causales de nulidad», advirtió Raúl Baglini en uno de los pasajes de su discurso. «Baglini, con sus razonamientos, le está dando letra a la defensa», había denunciado el justicialista Jorge Yoma. En algo coincidieron unos y otros: ya hay una colección suficiente de argumentos para colaborar con Moliné.
Cristina de Kirchner se abstuvo de intervenir en el debate y relegó protagonismo en la sanluiseña Liliana Negre (que difundió la posición oficialista en el jefe de la bancada, Miguel Angel Pichetto).
• Innecesario
El problema es que el permiso para que el radical quedara fuera del tribunal senatorial hubiera dejado con menos fundamento la permanencia ahí de la Kirchner. ¿Cómo hubieran podido sostener el rechazo, sin atarse a la suerte de Baglini? De cualquier forma, el ríspido intercambio de opiniones resultó una complicación innecesaria cuando al PJ le sobra número para destituir a Moliné y conseguir una silla más en la cabeza del Poder Judicial, de acuerdo con los deseos presidenciales.
La cita de la víspera rozó el escándalo, no sólo porque se reabrió la polémica por el supuesto pago de coimas en el viejo Senado entre Antonio Cafiero y el correntino Angel Pardo (este último calificó a aquél de «héroe de pies de barro»; ver nota vinculada).
En primera instancia, hubo una lluvia de cuestiones de privilegio contra Ricardo Falú, quien oficia de fiscal en el tramo decisorio de la suerte de Moliné por su condición de titular de la Comisión de Juicio Político de Diputados. Quedó claro que, a criterio de 40% de los senadores, consideran que hay irregularidades atribuibles a la Cámara baja, no solamente a los manejos del peronismo del Senado.
Comenzaron los radicales, con planteos de Carlos Maestro, el santacruceño Carlos Prades (quien se cuidó de reivindicarse como crítico de Kirchner y, al mismo tiempo, de hacer pública su disposición a colaborar con la gestión del patagónico desde la banca) y el santiagueño José Zavalia. «No queremos que se viole el debido proceso», subrayó Prades. «No nos vamos a dejar chantajear», se enojó Zavalia con el tucumano.
No se hicieron rogar los provinciales del Interbloque Federal. Ricardo Gómez Diez apuntó a Falú y se quejó por el fraccionamiento de las acusaciones, lo cual derivaría en un juicio por etapas, algo insólito. Hay una embestida en marcha en la Cámara alta por los casos Macri, Meller y Magariños, y, a pesar de ello, Falú y compañía aprobaron hace 7 días otro dictamen con reproches por supuesta presión a testigos cometida por Moliné.
Los peronistas disidentes también se sumaron al coro. Además de Pardo -que denunció el desdoblamiento del proceso-, apuntó Eduardo Menem que «este Congreso anuló la Obediencia Debida y ahora parece que se impone la figura de obsecuencia debida», en referencia a la conducta de Falú. Pardo y Menem fueron excepciones, pues el grueso de los rebeldes de la bancada justicialista optó por faltar (los pampeanos Carlos Verna y Carmen Gómez de Bertone, la salteña Sonia Escudero, la santiagueña María Elisa Castro).
Pichetto no se animó a defender a Falú. Apenas se limitó a decir: «Estamos dando un espectáculo lamentable, con discursos irrelevantes. La defensa -agregó- está de fiesta porque no estamos a la altura de un tribunal». Este reconocimiento, por sí solo, parece suficiente auxilio para Badeni.
Pichetto explicó que ya había un planteo «de nulidad contra los diputados de Juicio Político por el simple hecho de ser abogado y que abarca, asimismo, a los senadores con matrícula federal». «Habilitar la excusación de Baglini -insistió- abrirá el camino de las nulidades.»
Falú, pasadas las 20.30, ingresó en el recinto para la lectura de las acusaciones, en compañía de su par radical Carlos Iparraguirre. Por supuesto, no pudo contestar las cuestiones de privilegio en su contra que pasaron a Asuntos Constitucionales, delante de la veintena de legisladores que escucharon los cargos.




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