Con otro reloj y otras urgencias, a la espera de que decante el tembladeral interno de la UCR y el PS, Elisa Carrió ratificó su candidatura presidencial y, con Santa Fe como ensayo, alentó el diálogo con sectores anti-K para gestar un pacto que tenga, incluso, alcance electoral.
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No es una invitación: apenas la aceptación, reclamada desde otros ámbitos, para no cerrar la puerta a los intentos de confeccionar un bloque progresista que enfrente a la Casa Rosada. En ese diseño caben, a mano alzada, el ARI, el PS y sectores de la UCR.
Ese modelo es el que, si no asoma ningún conflicto, regirá en Santa Fe: el ARI se sumaría al acuerdo que mantiene el PS y la UCR para respaldar a Hermes Binner como candidato a gobernador, en contra del PJ-FpV que todavía debe decidir entre Agustín Rossi, Rafael Bielsa y Omar Perotti.
Así y todo, el sábado, en el hotel Bauen, Carrió encabezó el Congreso anual del ARI bonaerense donde reiteró el llamado a dialogar con otros espacios, pero insistió con que ésa no es una obsesión para su partido que, en todo caso, irá sin alianzas a las elecciones de 2007.
Relevancia
Hay una razón precisa: los que observan a Carrió suponen que en la votación del año próximo su caudal electoral oscilará entre 10% y 20%, lo que le permitirá al ARI permanecer como un actor relevante en la escena política y mantener una tropa de legisladores.
«Vamos a hacer una eleccióndecorosa: ni un desastreni una superelección», pronosticó un dirigente arista que deslizó las dos claves que explican por qué, para Carrió, no es imperativo, ni urgente, ni muchos menos imprescindible sellar un acuerdo con otros partidos.
1- Ese caudal electoral, que estiman en la franja de 10% a 20%, no se modificaría mayormente a través de un acuerdo electoral con el socialismo o sectores de la UCR. A pesar de que eso implique renunciar, casi de hecho, a la expansión de su propio partido.
2- A diferencia de la UCR y el PS, que buscan un destino político y electoral, y enfrentan crisis profundas, Carrió no tiene apuro porque supone que el ARI es de algún modo autosuficiente y, como tal, no necesita de un pacto para sobrevivir.
Por eso, más allá de que mantiene contacto con dirigentes de la UCR -Margarita Stolbizer, además de un enlace fluido con Jaime Linares- y del PS -Rubén Giustiniani, Ariel Basteiro y Oscar González, entre otros-, Carrió rehúsa pactos con las estructuras como tales.
«Con sectores del radicalismo estamos bien, pero eso no implica aceptar a todo el partido donde hay de todo», dicen en el ARI. Es, casi, la clausura a cualquier intento de acuerdo porque incluso la UCR que reniega de Kirchner y de Lavagna no quiere renunciar al partido.
Del encuentro participaron la secretaria general del ARI nacional, Elsa «Tata» Quiroz; el presidente del ARI provincial, Carlos Raimundi, y los presidentes de los bloques de diputados nacionales y provinciales, Eduardo Macaluse y Horacio Piemonte.
También los diputados nacionales Adrián Pérez, Marta Maffei y Lidia Naim, legisladores provinciales, y más de cincuenta concejales.
Hubo una presencia especialmente observada: la de Edgardo Burgos, intendente de Salto, que con Ricardo Ivoskus de San Martín -no estuvo pero fue su esposa, la diputada Naim- son los alcaldes del ARI en la provincia de Buenos Aires.
Burgos había enviado un saludo a los ex ARI y frepasistas pro Kirchner que hace unas semanas se reunieron en el Bauen de la mano de Graciela Ocaña.
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