Al cabo de mucho tiempo, será posible hoy contemplar a Aníbal Fernández ocupándose de un tema de su cartera, el Ministerio del Interior. Irá al Senado no para hablar de seguridad, energía, deuda externa, nutrición o alta peluquería. Esta vez expondrá sobre la reforma política que decidió presentar en público para neutralizar el avance duhaldista en este tema. La modificación del sistema electoral se ha convertido en una medianera conflictiva entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde desde que Alfredo Atanasof presentó su proyecto de eliminación de la lista sábana. Le contesta hoy Fernández, llevando su propia propuesta al Congreso. Hasta la semana pasada, él pensaba en dos iniciativas, una de las cuales coincidía con la de Eduardo Duhalde: el sistema de preferencias, a la brasileña. Ahora, casi reactivamente, resolvió suprimirlo y alentar sólo la representación mixta (lista sábana y voto uninominal por circunscripción). Es lo que presentará hoy, ante el Senado: allí, Cristina Fernández lo pondrá a resguardo del riesgo de cualquier debate con sus antiguos jefes bonaerenses.
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Hombre de piel delicada y convicciones volubles, la sola presentación del proyecto de sus antiguos jefes duhaldistas le hizo cambiar de temperamento sobre lo que, hasta hace una semana, parecía resultarle agradable. En efecto, delante de varios técnicos a los que consultó sobre las modificaciones al sistema electoral Fernández había adelantado que enviaría al Parlamento dos iniciativas. Una, auspiciando el sistema mixto que rige en Alemania, por el cual los ciudadanos eligen diputados propuestos en listas sábana pero también candidatos individuales por circunscripción. Finalmente, la cámara se constituye con estas dos especies de legisladores. La otra sugerencia de Fernández, según confesó, sería la adopción del sistema de preferencias, a la brasileña. Pero bastó que lo propusiera el grupo «vagón» (por el que usó Duhalde para saludar a Kirchner en compañía de Jorge Obeid, José Manuel de la Sota y el ambicioso Daniel Scioli) para que Fernández encontrar en su antigua idea sólo vicios y errores. Al parecer, ahora remitirá sólo la primera propuesta. Lo obligaron a optar, aunque no con la cabeza sino con el corazón. Es algo. Ya sabe lo que no quiere pero todavía tiene brumoso lo que desea, al menos hasta que Kirchner lo autorice a desearlo.
Hasta anoche el gobierno no tenía resuelto por qué cámara hará ingresar su proyecto de Ley. Si lo hace por Diputados, el papel será una brasa ardiente para Juan Manuel Urtubey, el salteño que preside la Comisión de Asuntos Constitucionales en total sintonía con el presidente del bloque peronista, José María Díaz Bancalari (inseparable del joven Urtubey). En la comisión de la Cámara baja el duhaldismo cuenta con mayoría, además de poder conquistar algunas voluntades del radicalismo y de diputados seguidores de Mauricio Macri. Fernández tendría las de perder.
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