También disputan por actos del 17 de octubre
A pocas horas de que se conociese la iniciativa de Néstor Kirchner de convocar con ayuda de gremios y de piqueteros amigos a una «plaza del Sí» para el 17 de octubre que lo ayude a legitimar su gobierno, Eduardo Duhalde lanzó una contramanifestación para el mismo día. Será el traslado de los restos de Juan y Eva Perón desde los cementerios de la Chacarita y de La Recoleta hasta la quinta de San Vicente, donde vivió ese matrimonio legendario del peronismo y ahora funcionará un santuario con mausoleo y museo para honrar la memoria de los fundadores del partido de gobierno en la Argentina. Si persisten estas iniciativas contradictorias, el país deberá prepararse para un 17 áspero, con una Plaza de Mayo evocativa de la insurgencia de una «tendencia» que vive en los libros y la nostalgia de pocos con un San Vicente volcado al otro extremo del dial ideológico.
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El ex mandatario oculta este desdén, como hizo ayer en el relanzamiento de las 62 Organizaciones, donde llamó a «apoyar a nuestro gobierno», al que caracterizó como uno que «las tiene bien puestas, honesto, decidido», es decir, como le gusta a Kirchner que lo describan. Corre el riesgo Duhalde de que, de tanto pedir auxilio para la administración, oficiando de comedido abogado, termine por irritar a Kirchner. Al patagónico no le gusta que lo presenten débil; para él su gobierno puede sacarse ya las rueditas bonaerenses.
Sin embargo Duhalde insiste en ocupar el rol de jefe político y gira su programa en consulta a los dirigentes del interior. Su primera operación es evitar una interna que lo sorprendería todavía mal parado, con un partido dividido y un gobierno en capacidad de entorpecerle el camino. Por eso los gobernadores a los que ya les habló de su plan partidario saben que él quiere que durante dos años funcione la Comisión de Acción Política en la que figuran las principales cabezas federales y su leal Eduardo Camaño como secretario general.
Un paso más sería una reforma de toda la organización del PJ. Duhalde sigue aquí las consignas de su último padrino político, Raúl Alfonsín (reemplaza ahora, al cabo de los años, a Oscar Alende, a quien el ex presidente solía visitar en la casa de Banfield; sólo falta que a Don Raúl lo lleve un día como primer diputado en la lista del PJ). Ya le dijo a varios gobernadores que «hay que armar un consejo federal, con representación de todas las provincias». No se trata de una «mesa» sino de un sistema de delegados, como tiene el Comité Nacional de la UCR, con cuatro representantes por distrito. Para ese esquema ofrece un presente magnífico: «Tenemos que tener un congreso chico», lo que significa sin la mayoría bonaerense que lo vuelve tan poco confiable. Bajo ese paraguas, Duhalde sueña contener a todo el PJ, para dar apoyo al gobierno peronista, como aconsejan tan claramente las encuestas. Hasta que Kirchner advierta, llegado el momento, cuánto necesita esa colaboración. Si no lo advierte, se tentarán con insinuárselo para que pida auxilio. O, por lo menos, aprenda a dar las gracias por los servicios prestados. Así piensan los Duhalde.




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