6 de agosto 2003 - 00:00

Tampoco en Brasil se entiende a Kirchner

Néstor Kirchner se había prometido privilegiar la relación con Brasil sobre cualquier otro vínculo internacional. Sin embargo es en ese país donde han aparecido los primeros desafíos. No sólo porque la relación comercial se vuelve día a día más asimétrica. Tampoco porque George W. Bush le ha señalado a Lula Da Silva como el norte a seguir, igual que el Fondo Monetario Internacional, que señala a la gestión del líder del PT como un modelo de modernización. No le va bien con los intelectuales de izquierda en la comparación con Lula (como lo demostró el francés Alain Touraine) y, esta es la novedad, tampoco luce Kirchner ante la prensa brasileña. Desde allí le dedicaron el último fin de semana el retrato más duro que haya recibido en el extranjero. Se trata de una nota que la revista «Veja» -la más leída de Brasil y, por lo tanto, la de mayor tiraje en el mundo- tituló «El riesgo Kirchner». El texto pertenece a Raúl Juste Lores, encargado de Internacionales de la publicación y ex corresponsal en la Argentina. El Presidente queda retratado como un caudillo bastante convencional, que gusta de deambular por los asilos y escuelas de la periferia y tiene en las encuestas a su principal asesor.Y se plantea un enigma central, incomprensible para cualquier mirada externa: ¿Por qué Kirchner, que preside un país al que le resulta urgente recuperar el financiamiento y la inversión, ha elegido desairar sistemáticamente al empresariado? La nota enumera los episodios, ya conocidos en la Argentina, de esa agresividad. Y se plantea la posibilidad de que con su política populista Kirchner termine pulverizando algunas de las ventajas competitivas que la Argentina todavía conserva. Termina con una pregunta más la nota de «Veja»: ¿Hasta cuándo Kirchner seguirá jugando con la mente puesta solamente en la hinchada? Veamos:

Todo político enfrenta el mismo dilema después de ser electo: decidir el momento de bajar de la tribuna y de ponerse a trabajar de acuerdo con la liturgia del cargo. La diferencia entre las dos fases es notable. Un candidato puede hacer promesas de voluntad, dado que todavía le falta el poder necesario para convertirlas en realidad. Después de tomar posesión, todo lo que dice o hace tiene repercusiones y es encarado como política de Estado.

Casi tres meses después de haber asumido la Presidencia de la Argentina, Néstor Kirchner todavía parece un candidato. Durante la campaña, culpaba al empresariado local, a las empresas extranjeras y al Fondo Monetario Internacional (FMI) por casi todos los males del país.

No moderó el tono después de su asunción. Se puede argumentar que se trata de una demostración de coherencia. Pero también es una actitud de alto riesgo para un gobierno que tiene entre sus desafíos probar al mundo que la Argentina es un país serio.

Si se las toma al pie de la letra, las bravatas presidenciales van a dificultar el acceso a lo que los argentinos más necesitan en este momento: inversiones y préstamos internacionales. La visita de Kirchner a Europa el mes pasado fue una sucesión de descortesías innecesarias. En Inglaterra, en vez de aprovechar para obtener algo del primer ministro Tony Blair, desperdició el encuentro reclamando la soberanía de las Malvinas. No hay urgencia en resolver la disputa en torno a las islas, motivo de una guerra entre los dos países en 1982.

En España, Kirchner declaró que las empresas españolas «fueron cómplices de las políticas de los años '90". Los españoles son los mayores inversores extranjeros en la Argentina y poseen las principales empresas en sectores estratégicos como el petróleo, la energía eléctrica y las telecomunicaciones.

• Ironías

Frente a las quejas españolas de que perdieron dinero en la Argentina en los últimos cuatro años, el Presidente salió con ironías: «Ustedes deberían echar a sus asesores económicos porque yo, como sabía de la recesión, saqué del país el dinero de mi provincia», dijo.

Cuando era gobernador de la pequeña provincia de Santa Cruz, Kirchner sacó más de 500 millones de dólares de las cuentas públicas y los depositó en bancos de Suiza y Luxemburgo. ¿Quién se va a sentir estimulado a invertir en la Argentina después de escuchar una declaración presidencial como ésa? Kirchner faltó a un desayuno en París, pautado con empresarios franceses, para encontrarse con activistas de los derechos humanos.

Cuando el ministro de Economía francés anunció que visitaría la Argentina, el ministro de Planificación, Julio De Vido, brazo derecho de Kirchner, amenazó: «Si viene a hablar de tarifas, es mejor que no venga». Francia es el tercer mayor inversor en la Argentina, con fuerte presencia en las empresas de servicios públicos, cuyas tarifas están congeladas hace un año y medio y que demandan al gobierno por violación de contrato.

Al recibir en Buenos Aires la visita del jefe del FMI, Horst Köhler, Kirchner avisó que su prioridad era el crecimiento económico, no la disciplina fiscal. E incluso colocó al visitante contra la pared: «Es responsable de la crisis argentina». El nudo de esa actitud es que la Argentina implora al FMI por un préstamo que le permita volver a tener líneas de crédito internacionales. Köhler aplazó la decisión sobre el préstamo para fin de año.

• Peligro

El crecimiento previsto del PBI argentino es de 5% en este año. El buen desempeño de la economía se debe sobre todo al superávit en la balanza comercial. El desempleo es alto -15,6%, pero más bajo que 21% del año pasado. A pesar de todas sus crisis, la Argentina exhibe un cuadro estructural favorable al desarrollo y a las inversiones extranjeras: la escolarización de la población es alta, el sector agropecuario es competitivo y hay abundancia de recursos naturales. El peligro siempre presente es que una política populista transforme esas ventajas en polvo.

Kirchner prácticamente no recibe empresarios en la Casa Rosada y no fue a la ceremonia de apertura de la Exposición Rural, el mayor evento del poderoso sector agropecuario argentino. Lo que le gusta hacer, en la mejor línea del caudillismo porteño, es visitar escuelas, asilos y hospitales en la periferia de Buenos Aires. «Esta es la Argentina que está oculta y que los defensores de la ortodoxia económica no ven», dice.

Kirchner fue electo con apenas 22% de los votos porque su adversario, el ex presidente Carlos Menem, desistió de disputar el segundo turno. Parece que él está ansioso por obtener el reconocimiento popular del que fue privado en las urnas. Desde su asunción, priorizó acciones que buscan depurar algunas de las instituciones más impopulares: sustituyó a los jueces corruptos de la Corte Suprema y cambió la ley para permitir la extradición de militares acusados de tortura en la última dictadura militar. La repercusión doméstica fue tremendamente favorable: la popularidad del Presidente llegó a 75%. La cuestión es hasta cuándo él va a seguir jugando para la hinchada.

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