Los militantes del partido de Trabajadores por el Socialismo, una de las tantas fracciones trotskistas que animan el extremo izquierdo del dial, hicieron un balance de la primera vuelta de la elección de jefe de Gobierno de la Capital Federal. La conclusión, que sirve conocer para ver cómo se comportará ese voto el próximo domingo, fue que Ibarra y Macri han simulado un programa inclinado a la izquierda y que la propuesta de Luis Zamora es flor de un día.Veamos los argumentos del periódico partidario «La Verdad Obrera».
Más allá de que tanto Macri como Ibarra, como denunciamos en la campaña, compartieron la perspectiva de terminar con la Buenos Aires del 19 y 20 de diciembre, y de que evidentemente existe un notable retroceso de aquella situación abierta hace 19 meses, ambos tuvieron que tomar en cuenta en sus campañas un «estado de ánimo» en amplios sectores de masas que aspiran a un cambio de lo vivido en la «década neo-liberal». El mismo Ibarra tuvo que tomar en cuenta esta situación y recurrir a figuras como Claudio Lozano de la CTA o al periodista Miguel Bonasso para encabezar sus listas a diputados. Y hasta el derechista Macri se vio obligado a autocriticarse de su pasado apoyo a Menem.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pero aun este intento de ambos candidatos por mostrarse «a izquierda» de lo que son sus verdaderos proyectos (y a las sumas millonarias gastadas para imponer la polarización entre ellos) no pudo evitar que uno de los datos más salientes de la elección fuese 12,3% obtenido por la candidatura de Luis Zamora y Autodeterminación y Libertad. Este, después de haber estado virtualmente proscripto en la TV en los meses anteriores (como ocurrió durante toda la campaña con el resto de la izquierda), tuvo que ser finalmente invitado a los principales programas televisivos y a los debates entre los candidatos «con posibilidades de acceder al ballottage», obligados por lo que ya marcaban las encuestas.
La alta votación a Zamora expresó el repudio de un amplio sector de la población a los políticos del régimen. Captó gran parte de los votos de Carrió, la versión más «progresista» dentro del «voto útil» en las presidenciales de abril, de los ahorristas estafados y de quienes en pasadas elecciones habían optado por el resto de la izquierda, es decir, de gran parte de quienes protagonizaron las grandes acciones del 19 y 20 de diciembre, hicieron los cacerolazos y dieron vida a las asambleas populares. Pero éste es un reflejo distorsionado. Zamora recibe el voto del ahorrista estafado, pero que ya no golpea la puerta de los bancos. Es votado por el asambleísta o ex asambleísta, pero cuyo barrio ya no está en ebullición como en los primeros meses de 2002. Con la contención de Duhalde primero, pero sobre todo, desde la asunción de Kirchner, prima la idea, aun en los sectores más activos que destacaron aquellas grandes acciones directas de masas, de que es posible producir cambios desde arriba: una «pasivización» (como definiría Antonio Gramsci) de las jornadas revolucionarias.
En su campaña, los puntos fuertes de Zamora fueron sus denuncias a Ibarra y a Macri por sus negociados, por ser parte del viejo régimen, etc., y, por la positiva, su apelación a la puesta en marcha de las comunas, que, aunque despojadas de su potencialidad anticapitalista, fueron una referencia a la experiencia de democracia directa de las asambleas. El mismo Zamora venía de denunciar (al igual que hicimos desde el PTS) las presidenciales truchas del 27 de abril, llamando a la abstención, lo que le significó duras críticas por parte de grupos como el PO o Izquierda Unida, quienes hace unos meses auguraban que se iba a hundir electoralmente.
En cierta forma, y salvando las diferencias programáticas, Zamora tiene elementos del modelo de construcción y «liderazgo» que expresara Chacho Alvarez en los inicios del Frente Grande, donde su principal capital político no era una fuerza militante, sino su «llegada» y presencia mediática, y la valoración de la población de sus cualidades personales. Autodeterminación y Libertad, a pesar de los legisladores y diputados conseguidos, no expresa el surgimiento de una nueva fuerza «orgánica», sino una de tipo «transitorio», que puede tener uno o varios buenos desempeños electorales, y despertar simpatía y adhesión en sectores importantes de las masas, pero es incapaz para jugar un papel decisivo en los procesos de la lucha de clases, que es donde se dirimen las grandes encrucijadas históricas.
Dejá tu comentario