Chiche Duhalde, con mandato marital, traspasó ayer -al menos informalmente- a Néstor Kirchner la jefatura del peronismo, rango que desde algún tiempo ostenta Eduardo Duhalde, estratégicamente ausente del acto del cierre del peronismo bonaerense en La Matanza. «Usted, señor Presidente, es el conductor de este movimiento. Su bandera es nuestra bandera. Las banderas de Juan Perón y Eva Perón», afirmó Chiche Duhalde, dando la espalda a las pancartas y los bombos para mirar al sureño que, gestual, aplaudía tanta gentileza.
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Fue el párrafo final de una negación. «Algunos dicen que el peronismo está en proceso de disolución. No es así: el peronismo está vivito y coleando, y más unido que nunca», dijo la ex primera dama para espantar los fantasmas de una ruptura entre su esposo y Kirchner.
No es un dato menor el gesto de Chiche en el más poderoso mitin del PJ en los últimos tiempos (más incluso que el cierre de Kirchner) y ante la tropa, casi con asistencia perfecta, de todos los figurones del peronismo bonaerense.
Se acodaban en los palcos, como espectadores de esa trasferencia de poder, Eduardo Camaño, Alfredo Ata nasof, Osvaldo Mércuri, Saúl Ubaldini, Ginés González García, los intendentes Hugo Curto, Alberto Descalzo, Alberto Balestrini, Sergio Villordo y casi todos los ministros de Solá, entre ellos, su cuñado «Toco» González Fernández y el ahora de nuevo peronista Juan Pablo Cafie ro.
Pero no por eso dejó Chiche de marcar su territorio. Como hizo su esposo diez días atrás, a su turno, repartió elogios para los integrantes de la lista de diputados nacionales que, por presencias polémicas como la de Carlos Ruckauf, quedó en la línea de fuego de propios y extraños, entre ellos el mismo Solá que tomó al ex canciller como sparring.
La delegación del mando del peronismo de Duhalde a Kirchner fue, luego, recompensado por el Presidente que dedicó un párrafo de reconciliación a Scioli, un protegido de los Duhalde que dos semanas atrás quedó malherido por un cruce con el santacruceño.
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