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Sin embargo, el mayor desafío para Martínez se presentará hoy, cuando se discuta en la Asamblea de la OIT el régimen sindical argentino, con una impugnación a la falta de libertad gremial.
El pasable éxito de Martínez fue utilizado rápidamente en Buenos Aires. Un cable de la agencia estatal «Telam» informó sobre la improbable postulación de un nuevo triunvirato para sustituir al actual. Lo integrarían, según esa versión apócrifa, Hugo Moyano, Susana Rueda y, obviamente, Martínez. Además de agraviar a José Luis Lingieri, el único que perdería su actual condición de triunviro, esta «noticia» oficial da cuenta de una operación que sigue circulando dentro del gobierno: todo un sector de la administración detesta ver a Moyano como secretario general único de la CGT.
Uno de los que profesa ese sentimiento adverso es Roberto Lavagna. No sólo por su alianza con los «gordos» de Armando Cavalieri, quienes alientan su sueño presidencial.
También por la amistad más que estrecha del camionero con Julio De Vido. Estos vínculos terminan proyectándose sobre la economía: de nuevo Lavagna debió asistir a resoluciones del Consejo del Salario que no se le consultaron, mientras la inflación sigue dando malas noticias. Por no mencionar la escalera salarial a la que están trepados los sindicalistas de empresas de servicios públicos privatizados, los más cercanos al corazón de De Vido.
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