17 de septiembre 2004 - 00:00

Un libro clave para el centro político argentino. Además para corrección de populismos

El libro de José María Aznar-realmente muy bueno-es el elemento indispensable para este momento argentino donde hay un populismo de izquierda ( kirchnerismo) unido a un populismo de derecha ( duhaldismo) que se han unido frente a la fuerte caída de imagen pública de ambos. Como consecuencia hay un surgir del centro y de la derecha que en «Ocho años de gobierno» tiene un manual práctico de cómo un gobierno liberal puede alzarse con la presidencia y el triunfo a partir del agotamiento de los esquemas de tipo distributivos, como fue el socialismo español que duró 14 años en el gobierno de España, desde 1982 a 1996 con Felipe González. En este último año lo desplaza el partido libreempresista, Partido Popular, en el que quedó en la presidencia José María Aznar por 4 años. En 1990 lo volvió a votar la mayoría del pueblo español por otros 4 años y lo hubiera votado en marzo pasado nuevamente si no fuera por ese atentado terrorista islámico en Atocha que costó 200 muertos tres días antes de las elecciones. Eso cambió el ánimo de los españoles porque Aznar había enviado tropas a Irak y cundió el terror.

El Partido Popular se pierde un turno político cuando por los excepcionales 8 años de Aznar hubiera correspondido el triunfo del candidato del gobierno, Mariano Rajoy, algo que descontaban las encuestas.

El libro tiene una parte referida a España dentro de la obra que Aznar hizo durante sus 8 años. Había prometido retirarse y lo hacía habiendo trabajado muy detalladamente el libro pero tuvo que agregarle el capítulo final sobre su actuación como gobernante en los sucesos de Atocha. Si tremendo atentado era de la ETA, Aznar se robustecía para los comicios porque tenía a la organización terrorista casi exterminada (hacía más de un año que no podía hacer atentados y era admirado por ello). Pero si era de Al-Qaeda -como en definitiva resultójugaba en su contra. Es evidente que en la urgencia esto jugó en la mente de que era presidente de España y enfrentó mal la difusión de la noticia más allá de lo que trata de justificar en ese último capítulo agregado.

Hace recordar la noche del 27 de abril de 2003 de Carlos Menem cuando gana la primera vuelta de comicios pero había roto su rutina electoral de votar y esperar los resultados en su Rioja natal. En Buenos Aires, en el hotel Presidente, se vio rodeado de personas ya no queridas que no hubieran ido a Anillaco.

Cantos triunfales afuera que lo obligaron a salir como triunfador, dejando mala imagen sobre todo en televisión. Lo agravó con su discurso diciendo que «faltaban mesas y ganaremos por 7 o más puntos» y que «la segunda vuelta será sólo una fórmula». Eso le granjeó tan antipatía que posiblemente hubiera perdido 30 a 70 contra Kirchner.

Es curioso cómo políticos avezados en momentos electorales pierden su tradicional habilidad.

Fuera de eso este libro de José María Aznar es un manual de reivindicación de la libertad, de la libre empresa, de la iniciativa privada, de administrar sin déficit presupuestario, de enfrentar el terrorismo. Y, fundamentalmente, lo expresado: cómo el liberalismo puede ganar elecciones a formas socialistas o populistas. Tengamos en cuenta que de fascismo a franquismo el partido de Aznar tuvo que sobrellevar años de ataques violentos. E igual ganó finalmente. Debió enfrentar que los populistas lo consideraran inicialmente «un paréntesis» en la vida política de España y hasta intentaran no entregarle el gobierno legítimamente ganado en las urnas.

Aunque sirve extraordinariamente para el centroderecha argentino frente al actual izquierdismo que predomina en el gobierno las del libro son lecciones difíciles de aprender, por caso cuando dice que la unión del centroderecha «debe ser sin dejar absolutamente a nadie afuera». Muy difícil esto entre argentinos donde nadie considera que merece otra variante que la candidatura a presidente y cuando para otros, a lo sumo, lo acepta para vice. También es cierto que el mismo Aznar, joven y brillante, surgió como una figura nueva excepcional en la vida política española. Casi indiscutible. Hoy en la Argentina no hay una figura del centroderecha con tal carisma de líder y por ende todos se creen destinatarios merecidos de esa tendencia al oscurecerse los populismos e izquierdismos.

Observando la experiencia española desde tan especial libro se podría deducir que quizá por primera vez en la Argentina podría acercarse el triunfo de un partido de auténtica raigambre libreempresista y no disimulado en los partidos tradicionales, radicalismo y justicialismo.

No es muy importante pese a lo que comenta el analista Mariano Grondona que ve mal todo el desenvolvimiento político argentino encerrado en esos dos partidos, sobre todo el peronismo o justicialismo. En definitiva es una cuestión de nombres porque dentro de cada partido siemprehubo una línea liberal y otra socialista. En el radicalismo estaban Fernando de la Rúa y López Murphy por un lado, y, por el estatismo, Raúl Alfonsín y Leopoldo Moreau. En el justicialismo estaban Carlos Menem, Juan Carlos Romero, Carlos Reutemann por un lado y Eduardo Duhalde por otro.

La novedad de esta época es que el populismo radical ( Alfonsín) se unió con el populismo justicialista (Duhalde). No se unirán, pero nadie dudaría que Reutemann peronista apoyaría a López Murphy ex radical.

Entre las dos formas más internacionales están los intermedios, que juegan hacia uno u otro lado, caso de Elisa Carrió cuando estaba en el radicalismo y quiere armar partido propio como Alvaro Alsogaray en el liberalismo en su momento. La mayor desgracia argentina fue cuando bajo inspiración de Alfonsín se crea la Alianza que ganó la elección de 1999 sin futuro alguno con un ala de derecha representada por Fernando de la Rúa y un ala de izquierda, por Carlos
Reutemann peronista apoyaría a López Murphy ex radical. Entre las dos formas más internacionales están los intermedios, que juegan hacia uno u otro lado, caso de Elisa Carrió cuando estaba en el radicalismo y quiere armar partido propio como Alvaro Alsogaray en el liberalismo en su momento. La mayor desgracia argentina fue cuando bajo inspiración de Alfonsín se crea la Alianza que ganó la elección de 1999 sin futuro alguno con un ala de derecha representada por Fernando de la Rúa y un ala de izquierda, por Carlos-Chacho Alvarez. Esa incoherencia terminó en fragilidad de gobierno, inestabilidad, renuncias y finalmente caída a la mitad del mandato otorgado.

Porque no se entienden todavíamuchas de estas realidadespolíticas es necesario para los dirigentes de derecha la lectura indispensable de este libro. Para la izquierda tiene el valor de recapacitar que las posturas ultras después de la caída del Muro de Berlín y el cambio hacia el capitalismo de China no tienen otra alternativa histórica que el de un respetable papel: asumir en forma de socialismos modernos la distribución de riqueza que tienen que ser acumulados por los libreempresistas en el manejo más racional de la economía.

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