Por cinco horas, el puerto de Buenos Aires estuvo ayer paralizado. No fue una demanda salarial sino un planteo político contra el ministro de Trabajo Carlos Tomada, embretado en la interna gremial que tiene como eje al jefe de la CGT, Hugo Moyano.
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El paro fue, en rigor, una demostración de fuerza. El sindicato de los Estibadores, SUPA lo realizó para «dejar en claro» que son ellos, y no otros gremios, los que «manejan el puerto». El SUPA lo comanda Juan Corvalán, recientemente incorporado al moyanismo.
Sin embargo, en el esquema de la CGT, el rubro portuario lo coordina Juan Carlos Schmid, de Dragado y Balizamiento, quien a su vez tiene una alianza táctica con el histórico Cayo Ayala, de Obreros Navales. El santafesino Schmid es un antiguo aliado del camionero.
De hecho, en las rondas cerradas del moyanismo, es Schmid el que interviene mientras Corvalán recién figura como socio eventual. Un dato más: a Schmid responde el subsecretario de Puertos y Vías Navegables, Ricardo Luján.
Asesor
Juntos, Ayal y Schmid manejan la Federación Marítima Portuaria y de la Industria Naval de la República Argentina (Fempinra), asociación a la que, según Corvalán, asesoró en otros tiempos Tomada. De allí, arguyen, la preferencia del ministro por sus enemigos territoriales.
Ayer, Corvalán movilizó al Ministerio de Trabajo y amenazó que si para el 7 de diciembre, no se interrumpen las resoluciones internas de la cartera laboral beneficiando a los demás gremios, iniciará una seguidilla de medidas de fuerza para paralizar el puerto.
El ultimátum coincide, no casualmente, con la asunción de Cristina de Kirchner prevista para el 10 de diciembre. Ayer, Corvalán dejó ese mensaje picando en Trabajo. Si eso ocurre, las miradas de la Casa Rosada se posarán sobre Moyano, quien dice controlar al estibador.
Ayer, de hecho, habría existido un contacto entre Julio De Vido y el jefe de la CGT para evaluar el paro portuario. Se sabe; el ministro de Planificación es el interlocutor privilegiado de Moyano en el gobierno pero también sobre quien caen las quejas cuando hay episodios sindicales. En el último tiempo, Moyano consolidó el eje del transporte como trinchera desde la cual resistir los embates de otros sectores gremiales y, en paralelo, para sostener su teoríade que sólo los gremios del transporte tienen poder de fuego para hacer sentir un paro.
Corvalán fue su asociado más reciente para cubrir el frente portuario. Pero ese frente se complicó por las tensiones entre el jefe de SUPA y Schmid, que pujan por mostrarle a Moyano quién tiene el control efectivo y concreto de los puertos, puntualmente el porteño.
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