Es elogiable que haya intentado en estos cien días fortalecer el capital nacional. No a la manera de los años '30 en adelante, donde se entró a la industria liviana sin tener primero industria pesada y acero, lo que terminó en meras armadurías, eso sí, «nacionales». Tampoco encara el problema como Carlos Menem, que nunca resguardó mucho el capital nacional (Brasil privatizó los teléfonos en 3 partes, pero una sólo para nacionales). Es riesgoso, pero el gobierno quiere formar fideicomisos con aportes privados y control del Estado para producción nacional útil (para telefonía, rutas e informática por ahora). Incentivar esto -si no se imponen obligatoriedades sobre resultados ineficientes- es su mayor audacia creativa en estos 100 días.
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