Uno de los casos más enigmáticos del siglo XX es el reino creado por Abdel Aziz Ibn Saud. Arabia Saudita supo mantener buenas relaciones con el mundo occidental y, al mismo tiempo, con los movimientos islámicos más antioccidentales.
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Sea cual sea la crisis de que se trate, por difícil que se presente, los líderes de Riad siempre han tenido la fortuna de caer parados, como ahora parece demostrar otra vez la crisis abierta a causa del multimillonario saudita Osama bin Laden, acusado por los Estados Unidos de los atentados del 11 de setiembre.
El caso parece una trampa para Arabia Saudita, que es prooccidental, por lo menos en lo que se refiere al petróleo, pero que, al mismo tiempo, financió al régimen talibán que da refugio a Bin Laden.
Las relaciones internacionales dieron un vuelco a principios del siglo pasado, cuando Gran Bretaña decidió que los buques de la Royal Navy dejaran de quemar carbón y se alimentaran de petróleo.
Londres invirtió entonces sus mejores energías para asegurarse el suministro, pero fracasó en Arabia Saudita. Uno de los fascinantes protagonistas de esta historia fue John Philby, un arabista inglés, establecido en Arabia Saudita y converso al Islam, quien llamó la atención de la familia real sobre la riqueza que pisaban.
Pero Philby le jugó una mala pasada a Gran Bretaña: influyó hasta conseguir que la explotación del crudo saudita corriera a cargo de la compañía norteamericana Aramco. De tal palo, tal astilla: su hijo, Kim Philby, fue agente soviético de cinco estrellas.
• Explicación
Arabia Saudita, con los lugares más sagrados del Islam, es hostil con toda su energía a Israel, el gran aliado de los Estados Unidos. Pero los sauditas son aliados también de los Estados Unidos. El misterio tiene una explicación. El presidente Harry Truman reconoció en 1948 a Israel y Arabia Saudita no puso el grito en el cielo. ¿Por qué? Porque los Estados Unidos se había comprometido en 1947 a defender el reino saudita. Los sucesores de Truman siempre han cumplido con lo pactado, desde la revuelta de 1962 en Yemen a la guerra del Golfo contra Saddam Hussein de 1991. A cambio Arabia nunca participó en una guerra contra Israel. La crisis actual, cuando los dirigentes sauditas dicen que rompieron con los talibanes y aseguran que ponen condiciones a los Estados Unidos, vuelve a poner a prueba la habilidad de los descendientes de Ibn Saud.
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