18 de julio 2003 - 00:00

Una reina, un poncho es la verdad 21° del peronismo

Una reina, un poncho es la verdad 21° del peronismo
Madrid (enviado especial) - La cumbre social del viaje - el almuerzo de los Kirchner con los reyes de España - quedó opacada ayer por otras noticias. No lo olvidarán nunca los protagonistas porque era excepcional un detalle que sólo los nativos de La Zarzuela (palacio donde residen sus majestades) retuvieron: no es común que José María Aznar se suba a la mesa real con una visita de mandatario extranjero. El jefe de Gobierno había recibido antes de mediodía en su palacio, La Moncloa, al grupo de los Kirchner y sus funcionarios (Roberto Lavagna, Sergio Acevedo, Héctor Icazuriaga, el vocero Miguel Núñez, el embajador Abel Posse) para una visita que terminó siendo más social que política.

Aznar ya conocía la opinión sobre el encuentro con los empresarios del CEOE y el dictamen de «regular pero optimistas» de los jefes de las compañías con intereses en la Argentina por la mezcla de agresividad e invitación a seguir conviviendo. Por eso Aznar omitió gestos rudos, sabiendo además que ya Rodrigo Rato, en otra de las batallas de ayer en el frente de Madrid, ya le había dado un champú a Lavagna sobre el tema tarifas.

Kirchner tampoco fue agrio con el rap sobre la Argentina de ayer y hoy porque conocía la militancia conservadores del anfitrión, su alineamiento estricto con una ortodoxia en casa y el eje del bien en lo internacional. ¿Para qué gastarse y no ensayar alguna manera encontrar la amistad en algún nivel? Por ejemplo en el del juego de palabras con el redicho Aznar y el fraseador Kirchner.

• Diálogo

Un botón: «En la Argentina hay empresarios de derecha que hicieron negocios por izquierda» (Kirchner). «Claro, con el socialismo español, que es la izquierda» (Aznar) y los dos quedan atascados en las explicaciones.

-Por izquierda es por zurda, truchos
.

-Sí, pero la izquierda es así en todo el mundo»
, y Cristina que se agarra la cabeza. O remates que se vieron en la conferencia de prensa: «Si hay un amigo de la Argentina es España». Y adentro de la reunión en La Moncloa: «¿Qué vas a hacer con este señor Cavallo que nos han mandado de México?» (Aznar). «¿Hacer? Nada es tema de la Justicia, no defendemos delincuentes», remata.

De La Moncloa a La Zarzuela, donde esperan los reyes y el príncipe de Asturias para el almuerzo. Abrazos, referencias a que el martes pasó por todos los palacios Lula con su batucada. «¡Vaya tío este Lula!» ¿Tío? El Tío duró 42 días. Codazos. «Sí estuve con Lula en Londres, pero sin el tío». Diálogos que ocurren mientras dialogan Felipe de Asturias con el fotógrafo presidencial Víctor Buggé, que ha estado antes en La Zarzuela con otros presidentes, tanto que el chasirete presidencial tiene un álbum con estampas del heredero.

En la mesa diálogos que eluden, apenas rozan de costado, los problemas, que se saben han sido dichos, comentados. El rey, observaría un testigo, es llano, afable, descuidado a veces en la mesa al reaccionar a las bebidas con gas, y preguntón.
«Así que de la Patagonia.» «Tiene que venir, señor.» «A mí me tuteas, porque yo tuteo a todo el mundo y me tutean los amigos.» «Digo de venir a la Patagonia, donde está el glaciar, el cordero patagónico, el calafate que si uno se los come», etc. Y el rey miró a la primera dama: « Así que tú eres de la Patagonia». Cristina Fernández: «Bueno, no, en realidad de La Plata.» Juan Carlos I: Digo dónde naciste...

C.F.: En la ciudad de La Plata, donde conocí a Néstor cuando estudiábamos.


J.C.I.: Bah, estudiar, seguro que seríais unos activistas del peronismo, o algo así...


Cristina ve unas señas y le traen el paquete con el regalo oficial de los presidentes peronistas a los reyes europeos, el ponchito de vicuña. Se lo había impuesto Carlos Menem a Isabel de Inglaterra en 1998 como si fuera una orden nobiliaria. Esta vez, Cristina de La Plata despegó la prensa y se la acercó a Sofía de Grecia. «Me lo pongo, Carlos» (Sofía).

«Que se lo ponga»
(Néstor).

Se lo pone, se arropa, se abraza, acaricia el vicuñón. Cristina toma distancia, a lo Cocó y exclama:

«Di-vi-no, te queda divino.»

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