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Lamentable violencia verbal de ambos, poco democrática, amparada en la defensa de desprotegidos y que, sin embargo, esconde la búsqueda de mayores subsidios para conseguir, a su vez, más caminantes de manifestaciones y presionar de nuevo al gobierno con otros subsidios. La espiral perversa, casi una bicicleta financiera. No sabe el gobierno salir de esta encrucijada, a pesar de que en su seno alberga a uno de los inventores del sistema: el ministro del Interior Aníbal Fernández -aunque la verdadera autoría le pertenece a su cuñado, hombre que aprendió en el exterior-quien agigantó con avidez y tentación monetaria a estos grupos en tiempos de Duhalde. Quienes conocen a D'Elía y a Castells sostienen que son los más sensibles a las respuestas oficiales (o sea, se calman con la entrega de planes), más que otros grupos piqueteros más ideologizados, como la organización de Pitrola (Polo Obrero) y el ala dura de «la Verón» (ligada a Quebracho). Pero todos persiguen la misma ruta del dinero para alcanzar la estación del «poder político propio» para «la revolución», ya que por el convencimiento, la letra escrita, la convicción o una causa son un fracaso a la hora de llenar un estadio ( mucho menos conseguir votos).
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