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27 de mayo 2008 - 00:00

Urquía ahora es un "enemigo K"

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El gobierno desplegó ayer sus clásicas fuerzas de ataque, aunque esta vez no sólo con blanco en el campo sino que también atendió a la interna del propio peronismo. Como nunca, la galería de opinólogos del kirchnerismo atacó ayer a Eduardo Buzzi por su discurso en Rosario que pasó, según ellos, a los anales del golpismo.

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El piquetero Luis D'Elía fue el primero en enfilar contra el jefe de la Federación Agraria: «Fue una convocatoria al golpe», dijo de él. Pero el match de fondo eligió pelearlo con Alfredo de Angeli, con quien ya había tenido un colorido cruce la noche anterior en el programa «Tres Poderes».

Allí le armaron un curioso encuentro con De Angeli que no tuvo éxito: el rebelde de Gualeguaychú no sólo se negó a dialogar con D'Elía sino también a escucharlo. En cada intervención del piquetero, el ruralista desde su casa se sacó los auriculares y prefirió matear, mientras el kirchnerista despotricaba con la acusación elegida para esta semana. D'Elía sostuvo que «ayer un poco se le cayó la careta, es dueño de 650 hectáreas y no las trabaja, las arrenda, las alquila, ni siquiera produce, ni siquiera se ensucia las manos», le dijo mientras el otro contendiente no lo escuchaba.

«No tiene una chacra, tiene 650 hectáreas, que además las alquila, o sea vive como un bacán», dijo D'Elía como si se tratara de un pecado.

Como el gobierno tiene también sus pequeños productores adictos, negó que en Rosario hubiera representación de ese sector: «Pequeños productores no había ninguno, ésos no están de lockout patronal».

  • Consulta

    Iluminó también D'Elía otra idea que dudosamente haya salido del búnker de Néstor Kirchner: una consulta popular para que la ciudadanía decida si está a favor o en contra de las retenciones a las exportaciones de granos .

    El kirchnerismo se dio el gusto inclusive de expulsar oficialmente de sus filas a un aliado incondicional, hasta ahora, de Cristina de Kirchner: el senador cordobés Roberto Urquía, dueño de Aceitera General Deheza, uno de los principales exportadores del país. El mismo que la Presidente elogió en el recinto del Senado como el empresario nacional perfecto.

    En la pelea con el campo Urquíano sólo se cuidó de no ofender a los productores cordobeses, de quienes depende su empresa, sino que además modificó, como presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, un proyecto que había presentado en su momento Rafael Martínez Raimonda para evitar que las exportadoras que habían declarado con anticipación tenencias de cereales, especialmente soja, las exportaran pagando las retenciones en su nivel anterior y calculadas sobre el precio de la soja en el mercado de ese momento. La diferencia no era menor: el Estado se perdía de recaudar unos u$s 1.000 millones. Urquía apoyó abiertamente el proyecto, pero modificó en el recinto una sola palabra por la que las cerealeras deberían pagar la nueva alícuota de retenciones pero, sobre el precio anterior de la soja. Es decir, la diferencia que hicieron las empresas, sólo por esa operación, bajó, pero a unos u$s 600 millones. El gobierno luego promulgó la ley con el cambio introducido por Urquía, con lo que la jugada de los grandes exportadores terminó llevando a cabo casi en su totalidad.

    D'Elía ayer se lo facturó al senador cordobés: «Hoy Urquía es enemigo de los Kirchner, un tipo que creíamos que era un burgués nacional y terminó siendo un chanta; hoy Urquía es un tipo que ha perdido toda la confianza del gobierno nacional, además por todo el desarrollo que ha hecho».
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