16 de junio 2003 - 00:00

Versiones

Este fin de semana trascendió que Néstor Kirchner quedó sorprendido en su reunión con el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, ante la calidad de información que éste manejaba acerca del conflicto con la Corte Suprema de Justicia. Esta fue una de las razones por la cual ambos dialogaron morosamente acerca de este tema. La otra fue que Kirchner trató de ser muy preciso respecto del tratamiento que dará a este conflicto entre poderes. «Se manejará institucionalmente», trató de conformar a su interlocutor, aclarando que es el Congreso el encargado de llevar adelante el juicio político, con absoluta independencia del Poder Ejecutivo.

El Presidente, intrigado, dicen que anduvo averiguando cómo Powell sabía tanto de la Corte. Y la especie asegura que fue Eduardo Moliné O'Connor, quien se encargó de propalar lo que se estaba cocinando en Buenos Aires. Lo hizo a través de una jueza a quien George W. Bush le debe el resultado de los dudosos comicios en los que fue electo, Sandra Day O'Connor. La cual, no obstante el apellido, no tiene parentesco con Moliné, pero que en ocasiones ha jugado con él algunos dobles mixtos en polvo de ladrillo.

Por último, otra versión dice que llamó la atención de los observadores el ataque del que fue objeto el juez de la Corte Juan Carlos Maqueda, por parte de algunos ahorristas que con total impunidad lo estaban aguardando la semana pasada en el cuarto piso del edificio de Tribunales. El cordobés, hombre de confianza de José Manuel de la Sota y ex presidente provisional del Senado, le dirigió una carta a Julio Nazareno en la que, sin ahorrar adjetivos y sentimientos, le pidió que renunciara. Ese día Maqueda se debe haber palpitado algo porque en lugar de ingresar por Talcahuano, lo hizo por el portón que da a la calle Lavalle, lugar usado habitualmente por los detenidos que ingresa el Servicio Penitenciario Federal.

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