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Bush y la emergencia del orden mundial
2. La lógica de esta decisión es evidente, atento a la realidad histórica que surgió a partir de la desintegración de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, y también al hecho decisivo de que un país que se ha convertido en la única superpotencia del mundo no debe descansar en una doctrina de seguridad nacional basada en el principio de la destrucción mutuamente asegurada, con su lógica consecuencia de limitación en materia de medios antibalísticos, ya que esto implica, ni más ni menos, que la protección última del país depende de un tratado internacional.
3. Esto es totalmente inaceptable para una superpotencia dado que, precisamente por serlo, tendría que sustentar su seguridad e inviolabilidad de su territorio en sus propios medios, concepto éste absolutamente central a la condición misma de máxima potencia mundial, lo que supone la capacidad de destruir a cualquier adversario, y estar protegido al mismo tiempo de que ningún otro tenga la capacidad de realizar lo mismo. Una superpotencia, para merecer tal categoría, tiene que ostentar el rango de única nación invulnerable a cualquier agresión externa.
4. El ataque terrorista del 11 de setiembre demostró no sólo la vulnerabilidad de la seguridad interior de los EE.UU., sino que también puso a la luz que una organización terrorista, o un Estado que usa esta metodología para alcanzar sus objetivos de política exterior, representa en las actuales circunstancias una amenaza con una mucha mayor probabilidad de que se lleve a cabo que la hipótesis tradicional de un conflicto atómico con la Rusia actual, nación ésta que muestra signos muy claros de que ha tomado la decisión política superior de integrarse a Occidente como rumbo fundamental para lograr su desarrollo.
6. Con la decisión del presidente de los EE.UU. de la absoluta voluntad de construir un escudo antimisilístico, la propia NATO pasa a convertirse en una organización que carece de sustento en la actual realidad geopolítica mundial, dado que no existe más el escenario de guerra que le dio nacimiento y que le permitió convertirse en la principal máquina militar del mundo. El objetivo de repeler cualquier invasión militar por parte de los países que integraban el Pacto de Varsovia tenía la capacidad de aglutinar las voluntades políticas de las naciones occidentales, lo que de ningún modo sucede con la meta de luchar contra el terrorismo mundial cuando esto implica llevar el conflicto de Afganistán a otras naciones, que según la visión de los EE.UU. representan un peligro potencial para su seguridad nacional. La NATO se ha quedado sin el enemigo central que justificaba su existencia.
7. Los EE.UU. son la única nación del mundo que tiene los recursos económicos, financieros y tecnológicos como para llevar al terreno de la realidad un proyecto de extraordinaria complejidad, como es la construcción de un escudo antimisilístico capaz de otorgar una absoluta invulnerabilidad a su territorio. El logro de esta meta le daría una supremacía militar absoluta como la que tuvo entre los ataques atómicos a Japón en 1945 y el estallido de la primera bomba nuclear por parte de la Unión Soviética, en 1949. La posibilidad de volver a disponer de tamaña disparidad de poder no va ser dejada de lado por los EE.UU., dado que ello les permitirá controlar el poder mundial en función de sus intereses políticos vitales.
8. La máxima autonomía de decisión no se limita para la administración Bush al terreno militar sino que trasciende a éste, para proyectarse como una especie de doctrina nacional para la era de una sola superpotencia. El eje central de esa concepción pasa por el rechazo profundo a los esquemas multilaterales que amenacen la capacidad soberana de la nación de adoptar todas aquellas políticas consideradas esenciales para su prosperidad y su seguridad. De aquí proviene el claro rechazo del presidente de los EE.UU. y sus máximos colaboradores hacia una gran parte de las propuestas de la tecnocracia de los funcionarios internacionales, viendo en las mismas un intento de ir captando poder en desmedro de la soberanía de las naciones, lo que iría en contra de la capacidad de decisión soberana del país.
9. El rechazo al protocolo de Kioto sobre la emisión de gases contaminantes, la oposición a la creación de un tribunal internacional para juzgar delitos de violación de derechos humanos, la implantación de tribunales militares con poder de sentenciar a muerte a acusados de actos de terrorismo no obstante las limitaciones en materia de cláusulas de extradición, su política sobre el acero y el uso reiterado de cláusulas antidumping difícilmente compatibles con las normas de la OMC, las severas limitaciones implantadas en materia de inmigración ilegal y la resistencia a aceptar regularizaciones masivas en esta materia. Todo esto está revelando cada vez más que los EE.UU. se dirigen hacia una concepción de proteccionismo y autosuficiencia en sus relaciones con el resto del mundo, usando el bilateralismo como el principal instrumento para negociar con otras naciones, como modo de lograr los beneficios máximos en sus negociaciones de política exterior.
10. Una doctrina de seguridad nacional en correspondencia con el status de superpotencia pone fin a un esquema estratégico que se basaba en el supuesto de la Guerra Fría, y esto constituye un sinceramiento extraordinario en las relaciones internacionales, puesto que cada nación tendrá que reexaminar su posición en el mundo a la luz de ese proceso de reconocimiento de la actual realidad del poder mundial. El desafío al nuevo orden mundial de una sola superpotencia o, peor aún, el ataque a la misma provocará represalias devastadoras, y no tomar conciencia de ello fue el error fatal del régimen talibán y Bin Laden. El orden mundial de la superpotencia no puede ser ignorado por ninguna nación sin gravísimos daños.


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