3 de diciembre 2001 - 00:00

El "plan freezer" no tendrá éxito

El 1 de noviembre, De la Rúa y Cavallo incumplieron su promesa de que los derechos de los tenedores de bonos serían cumplidos. Estos, que en promedio cobraban 10,11%, deben resignarse ahora a cobrar 7% y a plazos más largos (si es que cobran). Todos sabemos que la «garantía» de impuestos es un engaña pichanga: siempre los bonos se pagan con impuestos (¿con qué otra cosa se podrían pagar?).

Se pretende presentar como un «éxito» lo que en realidad es un «fracaso». ¿O no es un fracaso no poder cumplir las deudas como estaban pactadas? Lo más lamentable es que ni De la Rúa ni Cavallo pidieron perdón a todos los tenedores de bonos que alguna vez confiaron en la Argentina.

Ahora se presenta como «dolarización parcial» lo que en realidad es una mezcla de «congelamiento + control de cambios». Todos creíamos que la «intangibilidad» estaba referida a que el Estado no podía tocar los depósitos. Pero resulta que los depósitos se han convertido en intangibles para sus propietarios, que ya no los pueden tocar.

• Complicado

Por su parte, el megacontrol de cambios que se quiere implementar no sólo resultará muy complicado de administrar, sino que, además, se llenará de agujeros, de muchos argentinos que tratarán de poner a resguardo sus patrimonios de una u otra forma.

Y el gobierno sigue sin pedir perdón. De la Rúa y Cavallo pretenden disfrazar una nueva estafa con argumentos sobre las bondades del dinero electrónico, y falsedades pseudodolarizantes, que nada tienen que ver con un dolarización verdadera.

Ya se han afectado los derechos de propiedad de los tenedores de bonos; ahora también los de los depositantes, más los derechos de disponer de los ahorros libremente. Y siempre el mismo argumento: la alternativa es peor. Es cierto que hay alternativas peores. Pero, ¿por qué no eligen las mejores? A la desconfianza se responde con medidas que aumentan más la desconfianza, en un círculo vicioso que no puede terminar bien.

¿Qué va a pasar ahora?
Los depósitos no van a caer (o caerán poco). Pero el circulante se transformará en dólares. El dólar servirá como circulante y como reserva de valor. El peso irá desapareciendo. La demanda de dólares se incrementará exponencialmente, aumentada también con sobrefacturación de importaciones y todo tipo de recovecos que se encuentren. El «target» serán las reservas del BCRA.

A medida que las reservas vayan cayendo, las dudas se incrementarán: ¿terminará la película en dolarización con el BCRA vendiendo hasta el último dólar o cuando caigan 3 o 5 mil millones de dólares dichas reservas, la «entente» política dirá «basta»?

El termómetro de la coyuntura lo medirán la caída diaria de reservas y el valor del dólar futuro.

Y aumentaron fuertemente las probabilidades de que el match se defina pronto: dolarización (unilateral, a las apuradas, perdiendo muy tontamente la posibilidad de haber hecho una dolarización bilateral con EE.UU., con falaces argumentos pseudonacionalistas), o devaluación + pesificación (es decir, devolución de depósitos en pesos y no en dólares, con un dólar a 3 pesos o más).
Ojalá la clase política optara por una verdadera y civilizada dolarización. Pero no podemos hacernos ilusiones de que ésa será la decisión de nuestros dirigentes.

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