4 de octubre 2001 - 00:00

Inmigración ilegal, fuente de fundamentalismo en Europa

París - Los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos han puesto bajo la lupa a las comunidades musulmanas en Europa ya que, al mismo tiempo que se revelan como un foco del que surgen militantes islamistas radicales, como los que participaron en la destrucción del World Trade Center, las autoridades reconocen que son un sector marginado e intentan evitar que sean objeto de una ola de ataques racistas.

En España, por ejemplo, donde en los últimos meses se detuvo a importantes jefes de redes islamistas, entre ellos el lugarteniente en Europa de Osama bin Laden, Mohamed Bensakhira, las autoridades afirman, según el diario «El País», que estas células reclutan a muchos de sus miembros entre el aluvión de inmigrantes ilegales que llegan a las costas desde el norte de Africa en condiciones sumamente precarias.

Reclutamiento

Fuentes de la guardia civil señalaron al matutino madrileño que los líderes de los grupos integristas suelen reclutar en las mezquitas a jóvenes sin arraigo social, muchas veces desempleados. En numerosas ocasiones estos nuevos activistas son enviados a campos de entrenamiento en Chechenia y Bosnia, de los que vuelven habiendo ascendido en la escala de la organización y ejercen influencia entre los otros jóvenes. Su tarea principal pasa a ser la de facilitar alojamiento y pasaportes europeos a los miembros activos de la organización que se mueven por el continente.

El caso de Bensakhira es un buen ejemplo. Tras ser desarticulado en Alemania su comando Meliani, el hombre se radicó en la ciudad costera de Alicante y, dejando atrás su aspecto de importante hombre de negocios, decidió hacerse pasar por un «sin papeles», vistién-dose pobremente y durmiendo en una camioneta.

Según las autoridades españolas, otra fuente de reclutas y financiamiento de las redes islamistas son los inmigrantes de segunda y tercera generación que ponen al servicio de la causa sus pequeños negocios y comercios. Estos no se agrupan por sus países de procedencia sino que lo hacen por sus afinidades ideológicas, con lo que se hace fácil encontrar células compartidas por tunecinos, marroquíes, libios y sirios.

A partir de estas revelaciones, el principal temor de la mayoría de los miembros de la comunidad musulmana en España, y también de los dirigentes españoles, es que se produzca una asociación abusiva entre el islamismo y la pertenencia a grupos terroristas, sobre todo siendo un sector que ya sufre del recelo y la desconfianza del resto de la sociedad. Aun antes de los atentados, los habitantes de la peque-ña localidad andaluza de El Egido, tras un asesinato en el que el principal sospechoso era marroquí, lanzaron una campaña violenta contra los inmigrantes de esa procedencia.

Anuncios de Blair

El mismo problema se da en el resto de Europa, en países como Gran Breta-ña y Francia, pese a que las comunidades musulmanas están más integradas social-mente. El primer ministro británico, Tony Blair, entre sus primeras medidas después de los atentados, se reunió con los líderes musulmanes de su país en su residencia del 10 de Downing Street. Tras el encuentro, Blair anunció que, aunque Gran Bretaña había iniciado una lucha contra el terrorismo en los frentes diplomático, político y militar, no debía caerse de ninguna manera en una ola de ataques racistas.

Los intentos de Blair por apaciguar las crecientes tensiones raciales (ayer su ministro del Interior,
David Blunkett, prometió reformar las leyes para proteger a las minorías) se dan en momentos en que la fuentes de seguridad reconocen que podrían estar en Gran Bretaña docenas de aliados de Bin Laden. Se conoció, además, que 11 de los secuestradores kamikazes del 11 de setiembre habían estado en suelo británico en los meses anteriores a los ataques.

Denuncias

Asimismo, se sabe que Djamel Beghal, un francoargelino detenido hace unos meses en Dubai y que, al ser interrogado esta semana en Francia, admitió haber preparado un atentado contra la embajada estadounidense en París, solía reclutar y entrenar jóvenes para convertirlos en activistas islámicos en las mezquitas de la comunidad argelina en el norte de Londres.

Algunos musulmanes británicos ya han denunciado haber sido objeto de ataques racistas desde que se produjeron los atentados. Mientras, Blair, a una semana de su discurso pacificador, anunció el martes un endurecimiento de las leyes de inmigración para «hacer que el derecho de asilo no sea un pretexto para la entrada de terroristas».

En Francia, en tanto, las autoridades de la mayoría de las «banlieus» (suburbios) se preocupan por evitar que crezca un sentimiento contra los jóvenes de origen magrebí, con el fin de no provocar una radicalización de estos grupos.

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