26 de enero 2003 - 00:00

Krueger a Duhalde: acuerdo en serio será con próximo gobierno

Le dijo que espera que cumpla su promesa de irse el 25 de mayo. Y le reclamó 4 puntos a resolver: tarifas, renegociación de deuda, reestructuración del sistema financiero y ley de inmunidad para funcionarios del BCRA. El presidente también se reunió ayer con Colin Powell. Hoy regresa a Buenos Aires. Duhalde y Lula sufrieron anoche a piqueteros antiglobalización, que ellos fomentan en sus países. Qué hace hoy Duhalde

Davos, Suiza (Enviado especial). Eduardo Duhalde y Lula da Silva sufrieron ayer en carne propia el cerco del piqueterismo antiglobalizador que ellos fomentan en sus países. Cuando quisieran ser los líderes de una nueva vía no capitalista que se expresó ayer con alguna violencia en las inmediaciones de Davos, los dos presidentes quedaron ayer paralizados en esta pequeña estación invernal a la que llegaron como conejillos de Indias del World Economic Forum.

Lula debió suspender el viaje en auto desde Zurich para no quedar varado en medio de la montaña por las refriegas entre piqueteros violentos, piqueteros no violentos y policías que cruzaron bombas de pintura, devastadores manguerazos de agua (con cerca de 10 grados bajo cero) y bombas de gas en la localidad de Landquart. Lula, que esperaba ser jaleado por los antiglobalizadores tuvo que subirse a un helicóptero militar y, como Colin Powell, llegar aquí por aire. El canciller de Bush, a la altura de su rol, llegó a Davos desde Zurich en una caravana aérea de 20 helicópteros militares que nublaron el cielo en una réplica de Apocalipsis Now.

Lula, más modesto, tuvo un solo helicóptero de custodia pero las medidas de seguridad le impidieron ser recibido en olor de multitud por sus seguidores de la izquierda europea, que ni pudieron entrar a Davos.

Duhalde, por su lado, debió suspender un paseo al mediodía por la montaña ya que la seguridad suiza directamente se lo impidió. Luego de una agria discusión entre culatas helvéticos y los custodios del presidente, Duhalde debió conformarse con varias rondas de café en el lobby del hotel Belvedere, donde desarrollo casi toda la actividad de ayer, que fue nutrida.

Con más suerte y sentido de la planificación, recién llegará la verdadera estrella de la cumbre, Bill Clinton, que se instalará en el hotel Belvedere, el mismo de Duhalde, para atender un panel del Foro y además escuchar a una lista de empresarios que le han pedido hora para pedirle consejos y/o ofrecerle negocios.

Pidió que le manden la lista de los periodistas que quieren verlo y dijo que iba a estudiar si los atendería. Viene a una cumbre de salud a la que están invitados Bill Gates y los ministros de Salud de 20 países, entre ellos la Argentina, representada aquí por Ginés González García, que estará en el privadísimo cóctel del ex mandatario. Clinton pidió como condición que le preparasen todo para poder ver por TV la final del SuperBowl, copa del fútbol americano que disputarán en San Diego los Raiders de Oakland y los Bucaneros de Tampa Bay.

Aquí una síntesis apretada de todo lo que vio e hizo Duhalde en esta ciudad:

• Anoche cerró la jornada con una cena con varios presidentes latinoamericanos (Lula, Alvaro Uribe, Alejandro Toledo), el ministro del Interior de Chile José María Insulza y el ex premier español Felipe González. En una "cena iberoamericana" servida con carnes y vinos argentinos, los presidentes expusieron ante casi un centenar de empresarios de todo el mundo sus proyectos. Duhalde, como no los tiene porque se va, entonó el rap de la reactivación que se ha aprendido de memoria; Lula reclamó más respeto por las economías emergentes y en especial para su país: "Brasil es demasiado grande para ser víctima de los especuladores", alardeó en su primera intervención aquí.

• Hoy Duhalde viaja de regreso a la Argentina tras participar del almuerzo de cierre de la cumbre de Davos y de decir un speech de cinco minutos en una sesión plenaria del Foro de Davos sobre "La globalización en la encrucijada". Duhalde va confiado porque dice haber percibido un clima favorable aquí. Ayer en el desayuno "Panorama sobre la Argentina" recibió elogios de empresarios argentinos (han venido sólo cuatro, Carlos Bulgheroni, Antonio Estrani y Gendre, Sebastián Bagó y Enrique Pescarmona) y, curiosamente, de quien había sido contratado para criticarlo. En estos paneles el Foro designa a un experto para que actúe como "challenger" (provocador) de la figura principal. Le tocó al harvardman Ricardo Haussman (venezolano) quien confesó que más que challenger iba a ser un "hincha" (usó la frase "cheerleader", porrista del fútbol americano) porque reconocía méritos en la gestión de Roberto Lavagna.

• Cuando cerró su exposición dejó ver la punta del giro que ha tomado este economista que patrocinó la devaluación argentina pero fue un crítico de los primeros tramos del gobierno Duhalde. "En mi país Venezuela, dijo, tuvimos una crisis como la de ustedes y ganó el 'que se vayan todos'. Ganó el 'que se vayan todos', se fueron todos y ahí tenemos con Chávez un problema que no sabemos cómo resolver, peor que lo que había antes". Criticó esa consigna que en la Argentina han defendido entre otros Duhalde, Elisa Carrió o Luis Zamora en estos términos: "Que se vayan los que no sirven y que vengan los que aún no han llegado, hay que ser realistas". Haussman agregó un detalle interesante, dijo que la Argentina debería pensar en una pesificación de la deuda externa. Hubo gestos cambiantes; los asistentes con cara de acreedores quedaron petrificados; algún empresario argentino con deuda sonrió con melancolía. "Eso tiene un antecedentes, en la crisis del 30 recordó el profesor Haussman Estados Unidos salió del patrón oro y dolarizó la deuda externa. Para los acreedores significó una quita del 60% pero al final nadie se quejó mucho por el tamaño de la crisis". Duhalde escuchó esa idea con una sonrisa congelada del tipo "cómo no se me ocurrió a mí".

• A ese encuentro siguió la cita en el hotel Belvedere con Anne Krueger, que llegó sacudiéndose unas enormes botas de esquí que, sin amedrentarse por la presencia de Duhalde, se sacó, puso en una bolsa de compra de la cual sacó unos zapatos de vestir mientras empezaba a escucharlo al presidente en una escena que vista de afuera parecía el diálogo de alcoba de un matrimonio mufado. Cierto, el gesto de ambos era tenso, más cuando no aparecía el tercer invitado, el titular del Banco Central Alfonso Prat-Gay, que llegó diez minutos tarde, desenredándose bufanda y perramus. Tras los sombrerazos de ocasión ("- Fue una dura negociación", "- Si, costó", "-Costó, pero salió", "- Bueno, tenía que salir", etc,) siguió una explicación de Duhalde de cuáles eran las expectativas de más colaboración por parte del FMI. "Vamos a necesitar más ayuda de los organismos internacionales". "- La van a tener, lo que se firmó va a ser sometido a tres controles bimensuales y los vamos a ayudar a que cumplan", afiló Krueger, que no da puntada sin hilo.

• Cuando se había sentado ya Prat-Gay, dominó la escena el titular del Central que arrancó una explicación sobre el compromiso que había asumido la Argentina para firmar este acuerdo. Habló en inglés, lo cual forzó más el trabajo de la intérprete Ana Braun, que debió traducirle al presidente lo que dialogaban los otros dos. Krueger respondió con lo más agrio de la reunión. Primero, que sabe que éste es un acuerdo de corto plazo y que un nuevo gobierno, que espera asuma el 25 de mayo, ¿no? ("-Sí", responde Duhalde), discuta un acuerdo de mediano plazo que debe incluir los asuntos pendientes
.

• Como recitando de memoria el documento del FMI del viernes enumeró lo que hubiera querido que la Argentina hubiera resuelto y no resolvió para un acuerdo en serio que quedará para más adelante: 1) suba de tarifas; 2) reforma del sistema bancario; 3) renegociación de la deuda defaulteada; 4) amenaza de la Corte de dolarizar el corralón. Duhalde y Prat-Gay intentaron justificar el no cumplimiento de esos puntos quitándole importancia:

• Sobre tarifas Krueger había dicho que debía restablecerse la rentabilidad de las empresas pero sin alentar la inflación. "Hemos calculado que un aumento del 50% en las tarifas implicaría un aumento de 7 puntos del índice de precios". Duhalde respondió con el argumento de que la crisis golpeó a todos por igual pero que ninguna empresa pensaba en un aumento de 50% de la tarifa, porque además hay una tarifa social que no aumenta
. Sobre la eventual dolarización de los depósitos del corralón, Prat-Gay explicó que no debían temerse sobresaltos porque la gente no va al dólar cuando vence un depósito porque en la Argentina el público tiene más dólares de los que necesita o quiere tener. Eso, dijo, se probó cuando se abrió el corralito y parte del corralón y no pasó nada. Dependerá de los bancos, agregó, y citó el anuncio que había adelantado este diario y que confirmó ayer en el desayuno sobre la Argentina el titular del Citibank. (Este banquero leyó el comunicado sobre la devolución de depósitos hasta $ 42 mil). Duhalde agregó que cree "que la Corte va a dictar una sentencia razonable sobre la dolarización de los depósitos".

• Fracasado el paseo por el veto de los custodios suizos, el presidente se entregó a la tarea de dar reportajes a enviados, en los cuales repitió lo adelantado ayer en Ambitoweb, que prefiere que el vice de Kirchner sea un miembro del actual gabinete. Como se leerá en la prensa de hoy esgrime nombres como Alfredo Atanasoff, Ginés González García y Aníbal Fernández pero su verdadero deseo está a favor de Roberto Lavagna.

• Por la tarde Duhalde apiló reuniones. Fue al hotel Morosini a hablar con el presidente del Consejo de Gobierno de Suiza, quien eludió por cortesía mencionar el principal reclamo, que prefiere trasladar al nuevo gobierno. Se trata de la demora en Diputados a pedido de Lavagna en la aprobación del tratado para evitar la doble imposición. Un mecanismo que desgravaría a empresas suizas en la Argentina y castigaría en cerca de $ 200 millones a la recaudación de impuestos. Para darle tono a la conversación, el mandatario suizo bromeó: "¿Y? ¿Va a haber un presidente de origen suizo en la Argentina o no?". "Y... eso esperamos", responde Duhalde creyendo que se trata de Néstor Kirchner. Cambió de tema cuando entendió, por una referencia automovilística, que el suizo se refería a Carlos Reutemann. Duhalde salió contando que Suiza ofreció apoyo a empresas pymes del rubro maderero para introducir productos elaborados (cerramientos, pisos, etc.) en el mercado local.

• De ahí, siempre en la tarde, Duhalde partió a hablar con el rey de Jordania sobre el caso de los niños Arias Uriburu. Duhalde se dijo tan compungido, que le había pedido al presidente de la Corte de Justicia argentina que lo acompañase en este viaje, pero que se había quedado trabajando en este caso. ¿Imagina alguien que subirían Duhalde y Julio Nazareno a un avión sin que algunos de los dos volase por la ventana a poco de andar? El rey de Jordania le dijo que había dictado una norma para que la madre de los chicos viajase a ese país y que se podría hasta lograr una medida para que se quede vivir allí. Más familiero que nunca, Duhalde redobló y dijo: "O podemos nosotros hacer algo para que el padre se vaya vivir a la Argentina. Yo me pongo, de forma personal, de garante de que no le va a pasar nada y que sus derechos no van a ser puestos en riesgo".

• Corrió previo encuentro y abrazo en una escalera del Sheraton con el ex premier israelí Simón Peres al Belvedere porque se aproximaba la cita con Powell, que en su habitación fatigaba la lengua ante todos los representantes de países (presidentes, cancilleres) pidiendo ayuda en la cruzada contra Irak. Curiosamente este asunto no apareció sino lateralmente en la charla con Duhalde, que se centró en el agradecimiento argentino por la ayuda con el acuerdo del FMI. "Aunque estamos con una preocupación concentrada en Irak también miramos hacia otras regiones, como América Latina", dijo Powell, a quien acompañó en parte de la reunión el subsecretario de asuntos comerciales de su gobierno. Como todos los interlocutores de Duhalde aquí, Powell le preguntó si un nuevo gobierno sería igual al del bonaerense. El presidente cuenta esa inquietud como si hubiera preocupación por su salida o como si el programa que dice tener fuera tan bueno que nadie quiere cambios, cuando el interés de la mayoría es saber si ese nuevo gobierno hará todo lo que éste no hizo.