3 de abril 2001 - 00:00

Mercosur - ALCA: un falso dilema

En la campaña política de 1999, las principales fuerzas coincidían en que la estrategia para atraer la inversión privada y alimentar un segundo ciclo de crecimiento, debía basarse en la fuerte expansión del comercio exterior. El gobierno definió, en esta línea, dos áreas prioritarias: profundizar la promoción comercial y relanzar el Mercosur. Después de 15 meses de gestión, el balance indica que la promoción comercial no sólo no ha sido profundizada sino que, al contrario, los esfuerzos preexistentes -ya percibidos como insuficientes-han sido mutilados y/o mantenidos en letargo, como el PRE o la Fundación ExportAr. Del mismo modo, el relanzamiento del Mercosur se ha limitado a un inventario de temas pendientes sobre los que, hasta el momento, no ha habido avances significativos. Además, la «agenda externa» del Mercosur, que es la forma de vincularnos con terceros países, ha sido poco explotada y prevaleció una actitud defensiva. Lo que ocurre es que no queda clara la estrategia argentina respecto de qué se quiere del mundo y cómo lograrlo. Esto es crucial, porque siempre que se negocia con otros países tenemos que saber qué queremos, esto es, en qué sectores productivos nos queremos fortalecer y a cuáles debemos promover y apoyar. Se requiere más apertura regional negociada.

Sabemos dos cosas: a) Argentina necesita exportar mucho más, esto es, debe tener un mayor grado de apertura externa, y b) el marco internacional se caracteriza por el alto grado de interdependencia entre los países y la multiplicación de reglas y disciplinas comunes, que intentan regular con mayor precisión el sistema multilateral de comercio. Seattle muestra, sin embargo, las dificultades para avanzar en nuevos acuerdos tendientes a alcanzar un mundo más «standarizado». La liberalización del comercio es rápida en los temas en los que la competitividad de los países desarrollados no resulta vulnerable y a la in-versa. Las discusiones en la OMC ya no pasan sólo por definir los niveles y tipos arancelarios ni cuestiones de frontera, sino por atender cuestiones de índole política y hasta cultural. Las normas técnicas, stándares de calidad y/o normas sanitarias, son cuestiones poco objetivas en un mundo que está lejos de ser equilibrado, simétrico y equitativo. Se convierten así, en nuevas barreras al comercio de las regiones desarrolladas. Un ejemplo de estas distorsiones es el caso del proteccionismo agrícola que, con argumentos cambiantes y formas diferentes, se mantiene sin alteraciones significativas. En este contexto internacional, el Mercosur no puede ser sino una herramienta eficaz para la inserción de nuestros países en terceros mercados, a partir de una mayor escala de producción y una más sólida posición negociadora frente a las diversas regiones del mundo. Los socios y las opciones para la Argentina no son infinitos. Mercosur y ALCA no son proyectos alternativos. Mercosur es hoy para la Argentina, una realidad, un mercado ampliado que -aún con todas sus dificultades-forma parte de las decisiones de los agentes económicos. ALCA en cambio, es aún un proceso de negociación que recién entraría en vigencia en 2005 y en el que el socio más grande todavía no cuenta con la autorización del Congreso para avanzar en compromisos firmes. Luego, no existe hoy para la Argentina la opción entre Mercosur y ALCA; la presencia de nuestro país en el Mercosur es un hecho político y económico consumado, desde donde se debe trabajar hacia la futura integración hemisférica. Asimismo, dada la institucionalidad que de hecho hoy posee el Mercosur, es claro que revertir o modificar sustancialmente este proceso de integración podría ocasionar costos económicos, pérdida de credibilidad internacional y en definitiva un punto de partida de mayor debilidad para acceder al ALCA. Los problemas del Mercosur vs. la realidad del comercio con los EE.UU.

Estrategias

El Mercosur constituye un ámbito regional apto para establecer estrategias sectoriales tendientes a la mejora en los niveles de competitividad, pero en los hechos su dinámica comercial estuvo definida por los ciclos de crecimiento en cada una de las economías. Los ajustes de tipo sectorial fueron defensivos, y la agenda estuvo más deter-minada por los conflictos que por las acciones de especialización y complementación para enfrentar terceros mercados. El relanzamiento del Mercosur ha constituido hasta el momento, una sucesión de actos mediáticos. La Argentina no se ha planteado las metas ni los contenidos. Luego, la agenda del relanzamiento responde en lo sustancial, a la iniciativa de quien sí efectúa estas definiciones. En el caso del ALCA, es importante considerar las corrientes de comercio entre nuestro país y los EE.UU. Para un período de 30 años, en 26 el saldo de comercio ha sido negativo; los sectores con mayor valor agregado y con ventajas basadas en la incorporación de nuevas tecnologías son los más deficitarios. En cambio, los sectores exportadores se caracterizan por una baja diferenciación de productos y alta elasticidad de precio.

Exportaciones

Por su parte, en los últimos 10 años nuestras importaciones de Brasil y EE.UU. aumentaron en forma muy importante; sin embargo, el comportamiento de las exportaciones argentinas hacia estos dos destinos fue claramente diferente. Entre 1990 y 2000 la participación de los productos argentinos en el total de las importaciones brasileñas aumentó 83%, mientras que en los EE.UU. nuestros productos redujeron su participación en casi 20%. Estas son las razones por las cuales el comercio Mercosur entre 1990 y 2000 implicó para la Argentina un saldo positivo acumulado de u$s 7.612 millones, en tanto el saldo acumulado con el ALCA fue deficitario en u$s 24.434 millones. En esta perspectiva, la integración con el país más grande y mejor dotado del mundo, como es el caso de EE.UU., ocasionaría efectos similares a los de una apertura unilateral de nuestra economía, con los consiguientes costos en ajuste de nuestro aparato productivo.

A menudo, los grandes dilemas sacan de foco la atención sobre los problemas de fondo. Cuando las reglas de juego son un dato, se deben dejar a un lado los falsos dilemas y prepararse para hacer de las restricciones, nuevas oportunidades. Es difícil pensar en las ventajas futuras del mercado del Norte, si en el presente no avanzamos con nuestros socios del Sur. Pero, para avanzar en cualquiera de estas estrategias, es vital que sepamos, como país, qué queremos producir y cómo conviene insertarnos en el mundo.

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