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«La situación de los argentinos que vienen a España poco tiene que ver con el viaje de ida que hicieron nuestros abuelos. Acá no hay una América para hacer», confiesa
Sabina (nombre ficticio), una uruguaya que llegó en junio de 2001 con un contrato irreal de trabajo que le permitió la entrada al país, cuenta que «sin papeles ni hay que intentarlo. E incluso con ciudadanía europea se hace muy difícil conseguir algo en tu profesión si estudiaste una carrera humanística, economía o abogacía. Demorarse unos minutos en la estación de trenes y autobuses Sants de Barcelona o caminar por la Gran Vía madrileña asegura reconocer a cada paso a alguien que habla de «vos» y camina con inocultable apariencia porteña pero, a diferencia de lo que ocurría en los '90, no se trata de turistas argentinos, sino de inmigrantes.
Entre los jóvenes emigrantes, muchos de ellos profesionales pero «sin papeles», el itinerario en general comprende alojarse en un departamento de un amigo (o de apenas un conocido) en Madrid o Barcelona, y a partir de allí ver si se puede «enganchar algo» en algún lugar de España, para luego compartir un piso con otros amigos (en general de cuatro ambientes), inmigrantes o estudiantes, cuyo alquiler variará según la ciudad, pero se puede conseguir por
«Quienes vienen se van a encontrar con altísimos niveles de desempleo, una política inmigratoria cada vez más excluyente y una cultura europea que en general se define por oposición al otro, sean sudacas, moros, negros o indios», alerta la socióloga Agosto.
La desocupación en España, según el nuevo sistema de medición acorde con la Unión Europea, ronda 10%, pero entre jóvenes profesionales es bastante mayor.
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